Hace unos meses el periódico The Guardian publicaba un artículo sobre la creciente oleada de clérigos cristianos blancos que buscan ocupar cargos políticos en Estados Unidos. Lo curioso de esta oleada es que no es republicana, si no demócrata. A estos jóvenes clérigos les parece que el presidente los ha traicionado y que su administración solo responde al valor del dinero. Dicho artículo me ha recordado que, hará unos tres años, vi una charla del profesor de Religión Randall Balmer para presentar su libro, Bad Faith: Race and the Rise of the Religious Right. Mala fe: raza y ascenso de la derecha religiosa. El profesor habló de muchas cosas, pero una que recuerdo con especial avaricia fue su afán por descubrirnos cómo se fraguó la idea de usar el aborto como arma arrojadiza para llevarse de calle al votante estadounidense, y, de paso, hacer algo de caja.
Coincidió el profesor con los creadores de tan fantástica obra en una sala de conferencias de un hotel de Washington. Por lo visto unos cuantos simpatizantes de la derecha religiosa estaban reunidos allí para celebrar los diez años de Ronald Reagan en la presidencia. Balmer no perdió el tiempo y enseguida se puso a hablar con uno de los participantes en dicha celebración, Paul Weyrich, de la Heritage Foundation. En un momento de la conversación, Weyrich le señaló al académico que la "derecha religiosa no se organizó en respuesta a la decisión Roe contra Wade del 22 de enero de 1973". Es más, muchos de sus integrantes incluso estaban a favor de legalizar el aborto. De hecho, en los años 70 del siglo pasado, los teólogos del evangelismo eran incapaces de decidir si el aborto era cuestión moral. Algunos datos: en 1970 la United Methodist Church solicitó la legalización del aborto. En 1971, en la Convención Southern Baptist, también se pide su legalización. Y en las convenciones posteriores de 1974 y 1976 se vuelve a pedir. Pero la mano, la mano del dinero fue la que les hizo cambiar de parecer... Weyrich se sinceró con el profesor: fueron los impuestos.
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Pero como quedarse sin la ayuda estatal escocía y comprendieron que la defensa de la segregación en algún momento se les haría causa perdida, se dieron prisa por encontrar otra razón homogeinizadora que les garantizara el voto republicano entre los evangélicos, y, por tanto, asegurara los dineritos. La encontraron en los católicos, apostólicos y romanos, los cuales les entregaron su oposición al aborto. La pasta. La pasta no engaña.