lunes, 31 de octubre de 2016

Qué es el lacrosse

Me parece que el lacrosse no es muy conocido en España, pero en Estados Unidos y Canadá se practica bastante.

El origen de este deporte se atribuye a los nativos americanos, ya se practicaba en el siglo XI, y, a juzgar por el ingente número de participantes, variaba entre los 100 y los 1000, no cabe duda de que merece llamarse un deporte de equipo.

Su práctica no se debía a un único motivo, aunque las razones religiosas, iniciáticas o simplemente de índole recreativa eran las que tenían mayor presencia. Las apuestas muchas veces eran parte del juego.

Nunca he tenido ocasión de practicarlo, pero sí he tenido ocasión de ver a algunos de mis exalumnos universitarios en acción, y debo decir que me pareció muy rápido. Creo recordar que las jugadoras no llevaban ningún tipo de protección, como mucho una especie de gafas de buceo y unos guantes. En cambio ellos iban pertrechados hasta las orejas.

Su práctica requiere un bastón alargado que remata en una red de cabeza triangular y que tiene cierto parecido a las raquetas para la nieve de hace décadas. El bastoncito varía en longitud dependiendo de la posición que ocupe el jugador. Solía hacerse a partir de madera de pacana, una especie de nogal, pero desde 1970 se puede jugar con uno sintético. En la canastilla que forma la red caerá una bola de caucho que pesa unos 140 gramos y tiene un diámetro de unos 6, 4 centímetros. Normalmente la bola es blanca.

En el lacrosse moderno suelen enfrentarse diez jugadores por equipo, y el objetivo es introducir la pelota de goma en la portería contraria. El nombre del deporte es francés, debido a la presencia francesa en Canadá. La primera mención vino de la mano del misionero jesuita Jean de Brébeuf, cuando en 1636 deja por escrito la práctica de este deporte en la tribu de los hurones.

Curiosidad: El hockey sobre hielo y el lacrosse son considerados los deportes nacionales de Canadá. Uno de invierno y el otro de verano, claro.  

Atrumpados

Atrumpados. Parece el título de una película de miedo de tinte cómico pero no lo es.

Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes no puede ver a Trump, pero su ideología está por encima de cualquier odio o rencilla que pueda albergar su corazón.

Ryan se ha propuesto quitarse del medio al tándem Pelosi-Hillary. Y se ha propuesto emprender esta tarea, porque, seguramente, no confía mucho en su líder. Como siempre, el tema de los dineros, en especial los impuestos y el Obamacare, es la piedra que sustenta sus esperanzas para movilizar al electorado contra las medidas demócratas.

Como la captación de votos es tremendamente visual, Ryan ha arengado a los suyos para que compren esos preciados minutos de publicidad televisiva. Siguiendo sus directrices, ya se han echado a la calle, dispuestos a conservar el eterno punto muerto que incapacita al presidente a tomar decisiones. En Trey Hollingsworth, jovencísimo empresario que se presenta por Indiana, Ryan ha encontrado a su mejor discípulo. Bueno, mejor dicho en papuchi, pues es él el que está soltando la mosca financiando los anuncios de su hijo Trey a través de un Super PAC o Comité de acción política.

Algunos consideran que esta reticencia a cooperar es antiamericana y que roza la traición, independientemente de la ideología del presidente electo. Otros la apoyan, indicando que la presencia de un posible punto muerto por algo está. Para limitar el poder y obligar a debatir.

Totalmente de acuerdo. Ahora bien, que estamos y estaremos atrumpados es innegable.

viernes, 28 de octubre de 2016

Kit de inglés 14: Trick or Treat

Con Halloween encima, hoy traigo una expresión asociada a la festividad. Se trata de trick or treat, literalmente truco o trato, aunque a veces la he visto como dulce o travesura o truco o convite. Su pronunciación no es muy complicada. Aquí dejo mi versión: trik or triiiiiiit. Hay que intentar que la t final de treat apenas se oiga.

Por las películas sabemos que es la frase que los niños dicen cuando van de puerta en puerta, normalmente disfrazados de superhéroes, esqueletos, duendes, fantasmas o zombis, pidiendo caramelos la tarde del 31 de octubre.

Según David J. Skal, esta actividad comenzó en los años 20 como una manera para protegerse contra el vandalismo de los pedigüeños, que no se tomaban muy a bien la negativa de irse con las manos vacías y se comportaban con medios extorsionadores que The Reno Evening Gazette en 1938 equiparó a los de la Mafia. Por el mismo periódico también sabemos que, a veces, las bromitas de la chiquillada eran recibidas a tiros. Fue al finalizar la Segunda Guerra Mundial cuando esta actividad cuajó definitivamente.

Curiosidad: en algunas zonas de los estados de Iowa, Massachusetts, Wisconsin, Ohio, New Hampshire, Vermont y Nueva York, las celebraciones de Halloween ocupan dos días del calendario, el 30 y el 31 de octubre: Beggars' Night, La Noche de los Mendigos y el mismo Halloween. En Nueva Jersey a la noche anterior a Halloween se la llama Mischief Night (Noche de Travesuras) o Goosey Night (Noche para hacer el ganso).

miércoles, 26 de octubre de 2016

Estados Unidos, ¿indemne a la burocracia?

Hace unos días que me llegó la tarjeta que me identifica como votante para estas elecciones. Y debo reconocer que siento una mezcla de alivio y desilusión.

Desilusión porque se me ha caído un mito. El mito de que la burocracia en Estados Unidos es indolora. Sí, muy a mi pesar, se ha unido a la pesada maquinaria española.

El trámite para adquirir la nacionalidad estadounidense, apenas perceptible, me cubrió de un velo reverencial por el funcionariado americano. Pero el proceso para conseguir la tarjeta de votante lo ha dejado hecho trizas. Quizás fuera porque los burócratas operaban a distinta escala, federal y estatal, o simplemente se debiera a que el biorritmo del empleado que tenía que estampar el sello autorizando mi inscripción estuviera por los suelos.

Allá por enero, cuando me expidieron el carné de conducir en Nueva Jersey, solicité que me incluyeran como votante, pero la tarjeta de confirmación nunca llegó. Harta de esperar y confiando en que el proceso no debía ser muy engorroso, rellené otra solicitud, un sobrecito con sello previamente franqueado que pedí en la biblioteca local, y que, cuando estuvo listo, metí en el buzón. Esto fue el viernes 7 de octubre, el plazo de admisión acababa el 18, un poco justo, lo admito.

Al cabo de una semana, me llegó una carta firmada por el superintendente de las elecciones, notificándome que se me había denegado la inscripción porque, he aquí el absurdo, en mi firma solo aparecía uno de mis dos apellidos. Si quería votar no tenía más remedio que firmar con los dos.

Lógicamente, además del enfado por la cercanía de la fecha, el motivo me pareció que era un intento por quitarme del mapa. ¿Mi hispanidad? ¿Le habría resultado ofensiva? ¿Habría hecho lo mismo con un Picasso aduciendo que su firma era un churro, o con la del mismísimo presidente Obama a la que algunos se han atrevido a ver como un gran falo?

Al final me di cuenta de que estaba concediendo a este personaje una capacidad maquiavélica de la que carecía. Y sí, voy a votar.

Deportes nada recomendables: segunda parte

Pero el rechazo que siento hacia la cacería me temo que no alcanza al deporte más radical de mi lista: no se trata del rebozo por el lodo mientras se intenta dar de puñetazos al contrincante. Tampoco es lanzarse al vacío vestido de Batman. No.

Para practicar esta actividad no se requiere ninguna habilidad mental, pero sí un importante desembolso. Unos 500 dólares para comenzar. Hay que trucar el motor de la camioneta para que estrangule el tiro de las dos chimeneas, una a cada lado, que esta práctica suele requerir. Pero esa inversión se queda corta si la comparamos con la cantidad de diésel que el animal reclama cada vez que llena sus horas muertas. Y es que para estos deportistas no hay nada como humear al que dé muestras de ser progre.

Este deporte se juega por parejas, aunque uno de sus miembros está a la fuerza. También se requiere que el dueño del furgón, para eso pone el material, disfrute como un enano a costa del otro. Estos atletas también dan prioridad a los adversarios que tengan un utilitario híbrido o eléctrico, sintiendo especial debilidad por el Toyota Prius. Si la conductora es mujer, preferentemente mayor, a bordo de un Toyota, entonces habrá hecho las delicias de estos campeones. Un último requisito. El conductor debe ser republicano y el reacio compañero de equipo, como mínimo, demócrata.

Aunque esta práctica conocida como rolling coal, rodar carbón, no es de ahora, ha cobrado un nuevo impulso bajo la era Obama, y es en las zonas rurales donde he notado que existe una mayor afición por la fumigación, aunque su sucia estela se está propagando alarmantemente.

Para respaldar la pasión que sienten por este deporte, los hinchas disponen de múltiples abalorios para colgar o pegar, siendo las partes más visibles del vehículo, lógicamente, las seleccionadas. Mis preferidas son las pegatinas Prius Repellent (Repelente para Prius) y una suerte de testículos de plástico colgados del parachoques trasero.

Deporte de alta competición, no cabe duda.

lunes, 24 de octubre de 2016

Música para estos tiempos

Hace unos días nos surgió la duda. Quién había vendido más grabaciones si Bruce Springsteen o Billy Joel. Yo apostaba por el neojerseíta pero resulta que, aunque por poco, el ganador es el neoyorquino.

La producción de Billy Joel, si bien es conocida, quién no recuerda la canción del Hombre del piano en voz de Ana Belén, me parece que apenas tiene tirón en España. Y francamente es una pena, porque Joel, simplemente, no parece de este mundo.

Repasando su discografía he desempolvado Shades of Grey, (Gama de grises), ineludible para los tiempos que corren.

Deportes nada recomendables: primera parte

No tengo cuerpo de deportista, lo reconozco, pero soy humana y disfruto con las proezas de otros. No desdeño ninguna actividad, aunque, como cualquiera, tengo mis preferidas. La resistencia de Haile Gebrselassie siempre me ha dejado con la boca abierta y la capacidad de atletas como Tamae Watanabe, que, a la friolera de setenta y tres años, ha sido capaz de subirse y bajarse el Everest, superando el récord del año anterior que ella misma estableció, me llenan de espanto y envidia.

También valoro la pericia que actividades como el golf requieren. Quién no se habrá quedado maravillado con el Tiger Woods de tres añitos pateando como si tuviera diez. Pero quizás sea la naturaleza conservadora de esta ocupación lo que más me aleje de una rápida acogida.

Mi reticencia probablemente se deba a los perjuicios medioambientales que suelen acompañar esta práctica, aunque reconozco que la imagen, seguramente estereotipada, del proctólogo preguntándole al gastroenterólogo dónde fue a caer la bola, tampoco es que ayude mucho. Déjenme aclarar que en Estados Unidos se tiene la idea de que los doctores se pasan las tardes de los miércoles en el club de golf con sus compañeros de gremio. No sé quién difundió esta fábula. Probablemente algún cliente poco satisfecho.

En esta trayectoria descendente la caza ocupa un lugar menos honroso, tal vez porque, durante años, la vista de cartelones escritos a mano, degradados por rayos cósmicos anunciando "Pierde tus armas y perderás tu libertad" me han ensañado. Tampoco es que los cañoneos de balas de temporada hayan contribuido a mejorar el concepto que profeso por dicha actividad, lógicamente por la víctima, el animal, y por las gentes que, como yo, vivimos acostumbrados, que no inmunizados, a las descargas.

En Estados Unidos la caza cuenta con gran cantidad de adeptos. Recuerdo que, cuando era profesora en Pensilvania, los chicos me pedían que cancelara las clases porque se había abierto la temporada, que, por cierto, nunca tenía fin. Conseguir una licencia de caza no es difícil y a los doce, siempre y cuando se esté acompañado de un adulto, ya se considera que se está listo para pasar unas cuantas horas detrás de un árbol.

Thoreau no hubiera estado más de acuerdo con la autoridad expedidora. Cuanto antes, mejor. Al joven hay que destetarlo de su instinto asesino, pensando que, solo así, podrá alcanzar la madurez emocional y moral. Admito que estas reflexiones me intranquilizan ligeramente porque, o bien los cazadores son menores acompañados en su proceso formativo, o simplemente son adultos que no superaron las pruebas y andan aún en la fase del destete.    

Estoy convencida de que algunos se apresurarán a extraer una lectura procomunista y antiamericana de esta confesión. Qué le voy a hacer. Seguramente no llevo muy bien que, como senderista, tenga que seguir las recomendaciones de algunos parques en los que se advierte que el uso del chaleco antirreflectante no está de más.

Quiero pensar que con este estímulo la posibilidad de que se nos tome por ciervo quedará totalmente erradicada. No sé si lo habrán probado, pero en invierno y en verano la puesta del chaleco es totalmente insufrible. En invierno porque ya lleva una suficientes capas encima como para añadir una nueva dimensión a esa masa difusa en la que ya se ha convertido y que, a duras penas, se abre paso en la nieve. Y no es por cuestión estética, no, pues a diez grados bajo cero andamos todos hechos unos cristos.

En verano el calor y la humedad simplemente hacen abominable esta prenda, convirtiendo al que la lleva en una insalubre rojez que solo beneficiaría a doctores, aquí salen otra vez, y a las aseguradoras médicas. Nadie escapa de las erupciones cutáneas, lo que requiere una visita al dermatólogo, segunda tras la forzosa parada y fonda en el médico de cabecera para que, efectivamente, atestigüe y cobre por la comezón.

En las estaciones restantes es más ponible pero aun así, ¿por qué debe uno estar sujeto a dicha incomodidad si solo pretende pasear, respirar tranquilidad, pensar, tal vez desfogarse, pasar desapercibido en lugar de berrear su presencia?

Dentro de poco, ¿un casco para repeler los tiros perdidos será parte del ajuar? Buena puntería, como siempre, para el mercado. Y no nos olvidemos de los doctores. Ni de las aseguradoras.

viernes, 21 de octubre de 2016

Kit de inglés 13: Swing state

Este viernes volvemos a la carga con material presidencial. Esta vez le toca el turno a la expresión swing state (estado pendular). 

La pronunciación sería algo parecido a suing steit. Ojo. La s en steit debería pronunciarse sin la ayuda de una e. Si intentamos reproducir el siseo de una serpiente podremos salvar ese obstáculo sin problema.

Esta expresión se utiliza para referirse a un territorio de alta volatilidad, esto es, una zona que no se casa con nadie, por eso es muy difícil predecir quién saldrá elegido en ese estado. A nivel nacional el Colegio Electoral tiene la última palabra.  

El origen de la expresión es desconocido. Algunos la sitúan justo al final de la Guerra de Secesión, aunque, según Ngram Viewer, no fue registrada hasta 1925. Es a mediados de los 60 cuando su uso comienza a despuntar.

Sacado de internet. Trump's lead in Ohio, his best swing state, is now gone (Trump ha perdido su ventaja en Ohio, su mejor estado pendular).

Curiosidades. A un estado pendular también se le conoce como estado en disputa o estado púrpura, resultado de combinar el rojo (republicano) con el azul (demócrata).

Por cierto que parece que será Pensilvania el estado que nombre al futuro presidente.

jueves, 20 de octubre de 2016

You're fired

La verdad es que me ha desconcertado. Esperaba encontrar a un Trump desbocado, coceador, casi embuchado en una chaqueta de lentejuelas y pantalones ajustados, a lo Elvis, para no desentonar con la audiencia de Las Vegas ni con su natural desenvuelto, y me encuentro con este chasco. Entre Kellyanne Conway, su asistente en carretera electoral, y su hija, han debido de darle unas clases rápidas de etiqueta y compostura que, admito, me intrigan. La cortesía y el buen tino del candidato en su lógica republicana estoy segura que no solo sorprenden a Clinton sino también a los votantes republicanos que él daba por perdidos. ¿Habrá visto la luz?

Pero el efecto de la pócima no dura para siempre y el príncipe ya se sabe en lo que se transforma: en sapo. Aunque sabio en algunas cosas, digo yo que será por la edad, vuelve a las andadas, sacando de su maletín un kit de trucos apolillados.

Uno de sus favoritos es desacreditar a su oponente llamándola imbécil. Otro medio rancio es su vocabulario absolutista y catastrófico con el que a veces logra noquear a Clinton. Pero el prestidigitador también sabe renovarse sorprendiendo a su audiencia con el no va más, lo nunca visto, el truco definitivo que, de salir, lo elevará a la cumbre de los presidentes más entrañables. Nada se puede comparar, ni siquiera su admonición de que las elecciones están amañadas, con su gusto por el suspense.
Wallace: ¿Aceptará el resultado de las elecciones? 
Trump:  Ya veré. 
Wallace le pide confirmación. 
Trump: Le dejaré con el misterio.
Precisamente esta falta de heroicidad, la de dar por perdida la guerra en buena lid, es algo que el ciudadano americano se toma muy en serio, incapaz de tolerar que la integridad del proceso quede mancillada. Pero ¿no habíamos quedado en que Trump encarnaba el ideal de masculinidad o era simplemente conversación de vestuario? La verdad es que no le envidio lo que le espera, las nuevas conversaciones de vestuario en las que dejará de ser considerado héroe para pasar a ser poco menos que la sombra de Cantinflas.

Pero tal vez aún quede algo de luz al final de ese túnel. Si se negara a aceptar la derrota, ¿será porque tenía un plan B? No... Él nunca podría amañar unas elecciones, pero por si acaso el truco se le va de las manos,

You're fired.

miércoles, 19 de octubre de 2016

La universidad, ¿el nuevo zoo?


Hace unos días que Mike VI nos dejó. Mike no era un banquero, ni tampoco una barcaza descuartizada. Mike era la mascota del equipo de fútbol americano de la Universidad Estatal de Luisiana en Baton Rouge y era un vivísimo tigre.

Las declaraciones de la universidad, manifestando su intención de buscar un reemplazo inmediato a dicho emblema, han suscitado protestas en todo el país, recogiéndose 125000 firmas contra su iniciativa.

La universidad ha prometido que adoptará un tigre que esté en cautividad, eso sí, siempre que se encuentre en territorio estadounidense. Supongo que, el tigretax, al estar financiado con los dineros de los contribuyentes, así lo requiere. Con los 15000 pies cuadrados que le han destinado, su césped, sus árboles y, cómo no, su piscina, esperan saciar el gusto refinado del sucesor.

De la salud tampoco deberá preocuparse el animal porque el seguro va incluido en el paquete de bienvenida. Incluso tendrá un tráiler a su disposición cada vez que decida, porque, no lo he mencionado, el tigre decide si le apetece o no estar presente en los juegos, ahí no se obliga a nadie, visionar las frecuentes victorias de su equipo.

El Tiger Stadium es un terreno muy difícil de abatir, tan difícil, que también es conocido por el apodo de Death Valley. Es enorme, tiene una capacidad que aloja a 102000 hinchas con pulmones del tamaño del estadio, lo que seguro desmoraliza al más intrépido.

Pero me parece que la presencia de Mike VI tampoco es que ayudara mucho a la concentración, sobre todo cuando es costumbre plantar el amuleto, eso sí, en su tigremóvil, en el túnel de salida del equipo visitante, obligando a sus miembros a sortear el aliento, cercano, del animal, que, con un poco de suerte, ya habría merendado. Supongo que un pato no les valdría de mascota.
Juego sucio, me parece este.

martes, 18 de octubre de 2016

El tercer debate. Con o sin pastilla.

Para el tercer debate presidencial este miércoles, Trump recomienda que a los dos candidatos se les haga un control antidopaje. Por lo visto notó a la Clinton muy eufórica en sus encuentros previos, constatando (¿la había seguido?) que, al dar por cerrado el día, le entró una pájara de cuidado que casi no le permitió abrir la puerta del coche. Si Clinton se niega a la analítica, ¿aprovechará Trump para llamarla drogadicta mientras besuquea la cámara? Peor aún, si le entra uno de sus arranques, ¿le pondrá la mano encima?

Las republicanas por Clinton están saliendo de debajo de las piedras. No sé si Trump debería tomarlo como un anuncio para navegantes o dejar pasar la propuesta y aprovechar para tomarse la pastilla que le ponga a funcionar.

lunes, 17 de octubre de 2016

¿Quiénes han sido los políticos menos educados?

No cabe duda de que las elecciones siempre atraen lo mejor de la condición humana. A las pruebas me remito. Por supuesto, las acusaciones de índole sexual y moral ocupan el rinconcito más preciado en el corazón de todo aquel político que se precie. Los antiguos noviazgos ya no sirven para conmover a las masas y demostrarles a los votantes la rata que campea por su cocina, por eso, hay que ir a por todas. Las cuatrillizas Jones, Broaddrick, Willey y Shelton, supongo que previo pago por el paseo hasta San Luis, Misuri, dan buena cuenta de esta estratagema del todo o nada.

Pero, aunque esta degradación moral del contrincante, independientemente de la certeza de las acusaciones, dé la impresión de ser de nuevo cuño, parece que ya en época del Presidente Washington acudían a este tipo de vilezas.

Hagamos un rápido recorrido por la historia.

De Washington se decía que tenía una amante. Jefferson, para desprestigiar a su vicepresidente que, daba la casualidad también optó a presentarse a la presidencia mientras ocupaba ese cargo, hizo correr bulos de que Adams era un hermafrodita. Adams contraatacó metiendo miedo en el cuerpo de los votantes extendiendo el engaño de que Jefferson quemaría sus casas y de que sus hijos se retorcerían de dolor en una pica o lanza.

Jackson también se las vio con Quincy Adams. No es que Jackson fuera un alma cándida, es el único presidente que ha matado a alguien en un duelo, pero el hijo de Adams alcanzó límites insospechados despachándose con insultos contra Rachel, la esposa de Jackson, llamándola, entre otras cosas, adúltera. Por lo visto durante un tiempo, hasta que consiguió el divorcio de su primer esposo, Rachel fue acusada de bigamia. Ya se sabía cómo se las gastaban por aquella época con la insondable depravación de este tipo de mujeres.

Otra flor que Quincy Adams tampoco se dejó en el tintero fue la de dirty black wench. No he tenido más remedio que acudir al diccionario para constatar su creatividad, al concentrar, con solo tres adjetivos, cuatro, ya que, dos veces, me temo que insiste en uno. La traducción sería algo así como, atención, ya advierto que este contenido puede resultar ofensivo, prostituta, robahombres, sucia, negra y vuelve a reincidir en lo de sucia. No me queda claro si se refiere a depravada a su aspecto físico o a una mezcla de las dos.

Lincoln tuvo que aguantar que su contrincante, Stephen Douglas, lo tildara de borracho, mencionando su capacidad para vaciar él solo las existencias espirituosas de cualquier ciudad.  

También Grover Cleveland se llevó lo suyo. Por lo visto era el Bill Clinton de su época. Se le acusaba de tener un hijo ilegítimo, al que apoyó económicamente. El partido opositor hizo de Mamá, ¿dónde está mi papá?, su canto de guerra. Como era de esperar, el corazón del contrincante tampoco es que estuviera inmaculado. A Blaine se le acusó de hacer negocios ilegales con una ferroviaria.

Los motivos religiosos también se han usado como artillería pesada. Hoover acusó a su contrincante, Al Smith, de haber excavado un túnel de aproximadamente 3500 millas de distancia que lo pondría en comunicación directa con el Vaticano. Smith era católico. ¿Un avión no hubiera salido más rentable?

Ya más cercano en el tiempo, a Roosevelt también se le atribuía al menos una amante y no hablemos ya de JFK. Lyndon B. Johnson también puso su granito de arena en este juego del descrédito, advirtiendo que si Barry Goldwater salía elegido, desencadenaría un desastre nuclear que "eliminaría a los niños de la faz de la Tierra". La campaña dio su fruto.

Más cerca aún, las teorías de la conspiración sobre el origen de Obama, que han desembocado hasta nuestros días en el reality show que tenemos.

Me da la impresión de que el declive del decoro, la pérdida de la gloriosa aureola Mister President, comenzó con los asesinatos de los Kennedy, y que la intervención de la tecnología ha tenido algo que ver la fecalización del coso político. Los hombres de altura, respetuosos con lo que tienen entre manos, son un animal a extinguir que está dando paso a raquíticos monigotes de risa a lo Joker.

Aunque rivales durante toda su vida, Jefferson y Adams eran conscientes de que tenían idéntica preocupación. En su lecho de muerte, a Adams se le atribuye la frase, aunque no ha sido comprobada, de "Thomas Jefferson aún vive", pensando que el excelso procurador continuaría con el proyecto América. Qué quieren que les diga: francamente me resulta imposible imaginar estas palabras en boca de algunos presidentes y futuros presidentes de nuestro hoy, como no fuera para maldecir al oponente.

viernes, 14 de octubre de 2016

Kit de inglés 12: Choke and puke

Lo admito. La entrada de hoy a muchos no va a serles de utilidad a menos que estén pensando en desplazarse al sur, pero la genialidad de su creador me ha desbordado. Atribuida a Jackie Gleason, Hal Needham la puso en boca de Jerry Reed en la película Smokey and the Bandit (Los caraduras, 1977) en la que Reed, especialista en música country y magnífico guitarrista, aparecía encarnando a Snowman junto a su amigo Burt Reynolds. Gleason hacía de sheriff.

Las contribuciones que han hecho los artistas a la lengua no son infrecuentes. En el kit de inglés 3 ya mencioné a varias personalidades.

Literalmente atragantarse y vomitar, el combinado choke and puke se utiliza para referirse a un restaurante, normalmente de carretera, donde la calidad de los platos deja bastante que desear. Su pronunciación sería algo parecido a chouk and piuk. 

Dato curioso: A Alfred Hitchcock le encantaba esta película.

jueves, 13 de octubre de 2016

A&P. ¿Se te echará de menos?

The Evening World, Jun 1, 1922.
Un gran gigante ha abandonado la escena americana: se trata de A&P, The Great Atlantic & Pacific Tea Company, (Gran Compañía Atlántica y Pacífica del Té). Fundada en 1859, tiene un nombre tan rimbombante que parece evocar a compañías como la Neerlandesa de las Indias Occidentales.

Durante unos años, en concreto en la década de los treinta, fue la empresa minorista más grande del mundo, una especie de Wal-Mart o McDonald de nuestros días. Dedicada casi en exclusivo a la venta de productos perecederos, también vendía licor, a ella se debe, por ejemplo, la creación del concepto de autoservicio. Pero hace ya más de un año, que, acogiéndose por segunda vez al Capítulo 11, se ha declarado en quiebra.

El Capítulo 11, básicamente, es un escudo contra acreedores y otros deudores que obliga a que las instituciones federales intervengan, sobre todo, en lo concerniente al plan de pensiones de los que se jubilaron.

Reticencia o incapacidad para adaptarse a las demandas de los tiempos, exigencias de los sindicatos, presión de otras cadenas o bien una combinación de todas estas es lo que la ha sacado del mercado. Aunque su ocaso ya comenzara en los años 50, fue parcheándolo con la adquisición de competidores, técnica que, a la vista está, les ha dejado fuera de combate. Gracias a que A&P no era muy dada a la contratación y a que muchos de los trabajadores han sido traspasados a un nuevo propietario el daño ha sido controlado.

La verdad es que pocas veces pisé suelo A&P,  y las veces que me aventuré, siempre lo encontré bastante desangelado. Pero se podía comprar sin los típicos empujones a los que estamos acostumbrados en las grandes superficies. Supongo que, la falta de mercancía y sus elevados precios no llamarían mucho la atención de los compradores.

Pero su desaparición no deja de dar morriña, sobre todo cuando las fauces de lo que se queda parecen aún más despiadadas. Creo que, para calmarla, me pondré a leer A&P, un relato del inimitable John Updike, que, lógicamente, transcurre en una tienda de esta cadena. Y no, no revelaré el final.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Ni la familia ni el perro: la universidad

Como Robert Morin no tenía familiares ni animales en casa a los que dejar su fortuna, le pareció que, su alma mater, entidad para la que trabajó casi cincuenta años como bibliotecario, merecía sus dineros. Y la universidad, en concreto la Universidad de New Hampshire, con buen criterio destinó cien mil dólares para la biblioteca y un millón de dólares para un videomarcador, porque, al fin y al cabo, a quién le interesan los libros.

Recuerdo que en una de las universidades por las que pasé, uno de los rectores, no llegué a conocerlo, compartía la misma filosofía, aunque ya le hubiera gustado el mismo donativo. ¿Para qué mantener bibliotecas cuando los alumnos pueden descargarse el material de Internet?  Me viene ahora a la mente que se le invitó a que se marchara, según tengo entendido, por unos fondillos mal empleados.

El videomarcador, por otra parte, es una inversión de futuro con fabulosas aportaciones. El ánimo y el rendimiento del equipo de fútbol americano agraciado con esta tecnología subirá como la espuma. A partir de ahora, nada de ser el patito feo. Y para la universidad. Menudo touchdown. Un aluvión de peticiones solicitando el alquiler de su flamante campo la desbordará.

De esto, las universidades, sobre todo las privadas, saben mucho porque, para mantenerse en juego, un estadio deportivo es prácticamente una cláusula insalvable. Por cierto, que sigo leyendo y me doy cuenta de que el legado asciende a cuatro millones de dólares. Dos millones y medio serán destinados a embellecer otras zonas del campus. Si los cálculos no me fallan, dos y medio más la cantidad arriba mencionada asciende a tres millones seiscientos mil dólares.

Los cuatrocientos mil que faltan, ¿los emplearán en pompones para las animadoras?

martes, 11 de octubre de 2016

No más drones

En la villa de Loch Arbor, a escasos minutos de mi domicilio, han impuesto limitaciones al uso de drones o de cualquier otro artefacto no tripulado. Siempre tendrán que estar al alcance de la vista y solo podrán operar de 8 de la mañana a 8 de la tarde. Su uso en las inmediaciones de una vía pública se restringe a 50 pies (unos 15 metros).

Los sistemas de grabación y audio quedan terminantemente prohibidos. De más está decir que sobre aquellos que obstaculicen las labores de los cuerpos encargados de prestar servicios a los ciudadanos recaerán fuertes sanciones económicas.

Y es que, al final, todo parece tener un origen y un destino común. Dinero. El ayuntamiento ha calculado qué le iba a ser más rentable, si la compra de sistemas especializados para hacer un seguimiento de estos robots voladores o la posibilidad de enfadar a los vecinos y perder turistas en época estival, y los aparatitos se han llevado las de perder. Por lo visto algunos residentes se han quejado porque sobrevolaban y/o ¿grababan? su propiedad, mientras que algunos bañistas mencionaron el insidioso planeo en la playa, que, supongo, también iría acompañado de recogida de imágenes y sonido, aunque, francamente, este motivo no lo entiendo muy bien porque con un móvil también se puede ir a lo Bond.

Parece que el derecho a la privacidad y el temor a posibles daños materiales y físicos, a veces, le sacan terreno a la oportunidad de disfrutar del cine, gratis, en casa.    

lunes, 10 de octubre de 2016

Las dos preguntas que deberían aparecer en el examen de ciudadanía

Totalmente de acuerdo con Trump. El examen de ingreso para alcanzar el derecho de permanencia en el país debería ser obligatorio. Y, ni que decir tiene, que las preguntas a incluir deberían ser de temática estadounidense.

Teniendo esto en cuenta, me parece entonces que dos cuestiones de conocimiento general se hacen inevitables. Acojámonos al tipo test, tremendamente socorrido, pues no creo que el comité evaluador vaya a estar por la labor de leerse preguntas de desarrollo, demasiado cansado y lleva mucho tiempo, quizás requiera ahondar en fuentes de información bibliográfica y, lo que es peor, se deja la puerta abierta a algún contestatario que no esté de acuerdo con el veredicto y, encima, sea capaz de defenderlo.

1 ¿Quién escribió en su diario yo soy el americano?

A Bill Clinton  
B Hillary Clinton 
C George Carlin  
D Mark Twain

Efectivamente la respuesta correcta es la D. Mark Twain tomó esta cita de su amigo Frank Fuller, aunque mucha gente se la atribuye, erróneamente, al escritor. Por cierto que Fuller era muy diestro con los negocios, entre ellos, llevaba uno de preservativos. Me parece que esta curiosidad, tal vez por falta de espacio o por pudor, no aparecería en el test. 

Me he atrevido a incluir a George Carlin, (este vínculo contiene lenguaje obsceno), porque, entre cosas, George es un nombre bastante común y, he pensado que, quizás alguien, todavía retenía la memoria de este comediante, sino ya por sus sátiras políticas y humor negro, por su uso y abuso de la cocaína y por su lenguaje blasfemo y soez sobre el escenario, que eso siempre anima mucho a retomar a los ausentes. 

Los otros dos miembros ya los conocemos, pero me ha parecido necesario darle un respiro al equipo creador del test dada la dificultad de las opciones restantes.

2 ¿Quién dijo dejar América es como perder veinte libras y echarse una novia nueva?     
A Bill Clinton  
B Phil Ochs
C Samuel Clemens
D Hillary Clinton 

Esta pregunta, lo admito, es un arma de doble filo, porque, aún más que su antecesora, pone a prueba la integridad y la lealtad del examinando. El tándem Clinton, aunque proscrito, reconoce que se está al tanto de los enemigos electorales, con lo cual, aunque su presencia resulte molesta, nótese que también aparecen en 1, al mismo tiempo se marca la naturaleza recalcona del combinado, hinchando así su efecto demoníaco, que también salvador, para el aspirante. En la opción C, de nuevo, tenemos al grandioso Mark Twain, esta vez con su nombre y apellido de nacimiento.  

Solo nos queda la opción B. Admito que separar al matrimonio ha sido cruel por mi parte, pero tengo plena confianza en que el candidato pasará este obstáculo sin problema alguno.  

Phil Ochs es la respuesta correcta. Bien es cierto que podría haber incluido a Bob Dylan en lugar de a Ochs, pero es que a Dylan, lo conocemos todos, y me atrevo a decir que hasta casi que en los ámbitos más conservadores se lo respeta. Ojo, que no quiero quitarle el mérito a Dylan, ni mucho menos. 

Phil, el terror de Dylan y de los gobiernos, aún permanece, injustamente, oculto a muchos. Y no es que no se estén haciendo labores de rescate. Sin ir más lejos el sábado se celebró un acto homenaje a Phil que su hermana Sonny, incansable, lleva celebrando año tras año por la geografía estadounidense. 

El problema de Phil es que, además de ser un visionario, era un contestatario. Y qué decir de sus amigos, sobre todo ese latinoamericano, Víctor Jara. Sus letras, furiosas y asqueadas, nos cantaban a todos, a los braceros también, sí.

Eso sí, ineludible. El tribunal examinador, sin plantilla. 

viernes, 7 de octubre de 2016

Kit de inglés 11: Heads up

Esta palabra tiene varios significados. Como término deportivo, en el béisbol y en el fútbol americano es donde más se oye, ya se registra en 1904. Se utiliza para reclamar acción y que se esté al tanto. Este reclamo se pide con un Heads up. Nótese que la palabra heads está en plural. Aquí dejo mi esfuerzo de transcripción: geds ap.

También en el habla cotidiana se usa con un significado similar. Por ejemplo, si estamos en la oficina y nos ponemos a navegar la red y, de repente, nuestro centinela nos avisa, "¡que viene el jefe!", nuestro compañero nos ha dado los heads up. De hecho, esta forma se suele acompañar del verbo dar (give). Aquí va un ejemplo.

The boss was coming. Tim gave us a heads up to get on with some work (Venía el jefe. Tim nos anunció que volviéramos al trabajo).

También es común ver heads up con el verbo get (conseguir). 

They promised we will get a heads up on the proposal tomorrow (Nos prometieron que mañana nos darían un avance de la propuesta).

Parece que el uso de heads up como sustantivo ya se estilaba en la década de los 70. En los 60 heads up también comenzó a utilizarse en aeronáutica, aunque su uso se ha extendido a otros campos, sobre todo a los que tienen que ver el automovilismo y las aplicaciones informáticas. En este contexto, heads-up o head-up va seguido de la palabra display. Podríamos traducirlo como visualización que no requiere bajar la cabeza para ver los instrumentos de navegación.

Mi uso favorito de heads up para el final. Muy valorado en el sector negocios, se utiliza como recurso cuando se quiere anunciar al jefe que no pudimos cerrar un trato o que algo salió mal y queremos suavizar su reacción. En una palabra, es una manera de decirle: "Que sepa que ha pasado esto pero no por mi culpa". Parece ser que fue en 1996 cuando esta expresión cayó en gracia en este circuito y desde entonces no ha dejado de usarse.

jueves, 6 de octubre de 2016

Old Farmer's Almanac o los secretos de la supervivencia

Hace unos cuantos martes, siempre es el segundo martes de septiembre, salió un nuevo número de la revista Old Farmer's Almanac (Almanaque del Viejo Granjero). En ella se pueden encontrar todo tipo de curiosidades que van desde predicciones meteorológicas, tablas de mareas, fechas para la siembra, datos de astronomía, jardinería, deportes, recetas de comida, decoración, moda y suma y sigue.

Pero lo que más me llama la atención es su resistencia, ya que data de 1792. Para que nos hagamos una idea de su vetustez, Benjamin Franklin no llegó a verla por dos años. ¿Cómo ha podido llegar hasta aquí?, me pregunto. Tal vez se deba a su periodicidad, es anual, y su precio es bastante asequible, se puede adquirir entre 6,99 y 7,95 dólares, dependiendo del estado en el que se compre el ejemplar.

A juzgar por el grosor, 272 páginas en su edición para el sur, la zona occidental y el territorio canadiense, y 304 para el resto, también se llega a la conclusión de que no han escatimado en información, aunque siempre aparece el inevitable anuncio salpicando el interior, y de que, no cabe duda, saben adaptarse a las necesidades de sus lectores. Quizás sea que en América todos consideran que tienen algo de granjero o, al menos, de jardinero, y por eso la revista ha sobrevivido los vaivenes del mercado. O que la blandura con la que tratan los temas sea lo que ancle a sus seguidores. O simplemente la inercia de la continuidad de generación en generación.

Aquí no se encontrarán los horrores que nos asaltan a diario, sino que estamos ante una revista para el escapismo, aunque bien atada al planeta Tierra. Casi que se trata de una especie de Geórgicas, un canto a la tierra y al mundo de la naturaleza, apuntalado con el respeto a las tradiciones. Y sus lectores agradecen esta labor de retención del pasado, no hay más que fijarse en la cubierta con los rostros de, precisamente, Benjamin Franklin y su creador, Robert B. Thomas, enmarcados, uno a cada lado, en un medallón neoclásico. Una representación de las cuatro estaciones, una por cada esquina, dulcifica tanto el espíritu que a uno de pronto le entran ganas otoñales de cubrirse el cuerpo con una manta y ponerse a beber un caldo mientras se entretiene en la lectura del Almanaque.

Ese marketing visual llega hasta la misma punta de una esquina. Alguien tuvo la feliz idea, seguramente un asesor con estudios de Económicas, de sugerir que dejaran de hacer el taladro situado en la parte superior izquierda de la revista, argumentando razones de costo para su retirada. La utilidad del taladro no era otra que para permitir colgar el Almanaque ya fuera en una viga del granero, en el garaje o en la despensa. Inmediatamente saltaron las voces de alarma. Revuelo generalizado. Cómo se atrevían, nada menos que desde 1818. Incluso los que no la compraban, vociferaban que les devolvieran su agujero.

Esa sabia combinación de pasado y presente la aderezan sus mantenedores con el futuro pues, obviamente, esta revista se anticipa al tiempo, un año, claro. ¿De qué otro modo podrían avisar entonces a sus hortelanos qué plantar en los meses venideros o cómo señalar a sus navegantes los tiempos propicios para echarse a la mar? El Viejo Granjero, sin duda, se ha hecho un hueco en la sociedad americana que nadie se atreve a usurpar, pues, al fin y al cabo, todos son granjeros.

miércoles, 5 de octubre de 2016

A Pence los focos no le deslumbran

Hay que reconocerlo. Pence sabe. Es elegante, se desenvuelve magníficamente ante la cámara, aunque el discurso sea vacuo, pero la cámara lo quiere. Qué equilibrio. Qué seducción. Ni siquiera el favoritismo de la moderadora hacia el candidato demócrata logró inmutarlo. Nada parece perturbarlo, como mucho un dedo levantisco apuntando a su audiencia, a su América. Su percepción atónito-ficticia de la realidad, ensordecedora, la avaló con sus persecutorios es increíble, extraordinario.

Kaine, por su parte, entró a saco. Desconoce que no hay nada que pueda desmoronar la perpleja pátina de su oponente.

martes, 4 de octubre de 2016

La casa de mis sueños

Y hablando de parcelas. La casita, que no sea adosada, con terrenito tupido de hierba que, aproximadamente requiera mantenerse una vez por semana, excepto los meses de invierno, en los estados más fríos el césped desaparece bajo la nieve, constituye el sueño americano.


Esta fusión entre belleza y posesión, este indicador del estatus social precisa de una atención a veces enmoquetada con un prado sintético que puede alcanzar, en zonas como California, temperaturas superiores a la del asfalto.

No importa la carencia de agua en algunas zonas. Los que tienen gustosamente siguen pagando las multas con tal de exhibir su vanidad y desdén. Tampoco importa que las especies autóctonas estén desapareciendo a marchas forzadas, y mucho menos, que la cuadrilla de mejicanos ilegales a los que se les paga, lógicamente lo mínimo y bajo cuerda, tenga que lidiar con los pesticidas que prometen un césped ejemplar.

Aquí hay algo en juego, estamos ante una competición, incluso entre la clase media y los desposeídos, por ver quién es el que más tiene. Y casi que no importa que se viva en un tráiler, en uno de esos campings habilitados para los desahuciados. El que más o el que menos le habrá hecho la manicura a su terruño. Algunos se la hacen ellos mismos y no es raro encontrarlos subidos en su contaminante segadora, una versión actualizada del llanero o llanera, que también las hay, solitario. A lomos de sus tractores mecanizados experimentan una delicia infinita, el disfrute de unas horas de soledad antes de regresar a la jauría que les espera en casa.

Poco o nada les importa que el ruido sea ensordecedor, deben cubrirse los oídos con potentes auriculares si no quieren terminar sordos, o que su larga monotonía, pues la más mínima hebra debe quedar erradicada, enerve al resto de la vecindad. Al fin y al cabo todos se han puesto de acuerdo para el terrible ensayo, aunque no haya coordinación, eso sí.

Pasar desapercibido es lo peor que se puede hacer, por eso, si uno no puede pagarle el spa al césped, se da por sentado que el propietario lo mimará, porque, si no lo hace, si no está pendiente, un solo descuido y el error podría volcarle toda la furia contaminada de los vecinos y del ayuntamiento, (lo sé de buena tinta porque pertenezco a ese grupo de libertarios en lo que al césped se refiere y por la notificación del ayuntamiento reconociendo, que no aprobando, esta tradición). La nota era una tarjeta de visita, aunque en una llamada telefónica posterior, el representante argumentaba que algunos vecinos se habían quejado, más que nada por la desincronización de las hebras, afeaba el barrio, devaluando así el precio de sus inmuebles.

Como hacerse notar es su buque insignia, no tengo más remedio que deducir que los que venden silenciadores en Estados Unidos no se comen dos roscos. Los que sí comen, y mucho, son las petroleras, que engullen las tripas de estas máquinas a ritmo de claqué.

Pero las segadoras no actúan solas. Unos manguitos de metal, no sé si para retirar o succionar hojas, los acompañan. Son ruidos que pertenecen a las dos especies: contaminación acústica y ambiental, pero esos, no están penados. Los intransigentes, los que luchan por atrapar el canto de un pájaro, el roce de una hoja en la hierba o la imperfecta exuberancia del prado, son los locos. Aquí, las libertades campean, pero al césped, ni tocarlo.

Y es que, aunque no dudo de las buenas intenciones de Andrew Jackson Downing, al famoso horticultor, diseñador paisajista y escritor estadounidense se le ocurrió, supongo que por influencia inglesa, que, los jardines, eran imprescindibles para ensalzar el orgullo y la buena conducta de sus dueños, dotándolos, mediante su mantenimiento, de mayor felicidad.

Parece que fue al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando las ideas de Jackson Downing se filtraron entre la clase media. De vuelta a casa, agobiados y extenuados, los soldados no se hacían en un piso, quizás su estrechez les recordara la de los barracones, además, querían una familia, y, después de lo que habían pasado, ¿quién podía negárselo?

Y este uso y abuso de la mecánica, sucede tanto en zonas urbanas como en las rurales, a las que, muchas veces, también hay que añadir vuelos de avionetas fumigadoras y otras pestes. En una palabra: la escapatoria, idílica.

lunes, 3 de octubre de 2016

El arte en las presidenciales

No sé si fue adrede o simplemente por una cuestión de textura, que el alumno al que doy clases de español me recibió con una camiseta de Donald Trump. No le hice ningún comentario pero el muchacho, no sé si notando mi incomodidad o para acrecentarla, me confió que el retratado era amigo de su padre y que él también lo conocía personalmente. La declaración, lo confieso, me entristeció.

En los escasos seis minutos a pie que me separan de su domicilio, siempre me voy fijando en las parcelas de las casas. De la mayoría apuntan un par de banderillas que, inmediatamente, identifico con una pancarta electoral. Casi todas apoyan a Trump. Y las pocas demócratas que veo, debo decir que estilísticamente me decepcionan. No sé a quién se le ocurrió el logotipo, insípido, que más que atraer votantes, los repele. Para empezar, ¿qué hace una flecha azul atravesando horizontalmente la H de Hillary? Más bien parece que se estuviera anunciando un hospital o peor aún, que se estuviera indicando que en dicho hospital Clinton y Kaine han ingresado. La flecha, por cierto, mira hacia la derecha. 

La de los republicanos, por su parte, es mucho más vistosa y, para romper la monotonía, presenta distintas variantes. Eso es saber mantener a la audiencia en vilo. La más simple es orgánica. Nada de H o en su caso T, y mucho menos flechas que confundan al observador. La pancarta está limpia, tan solo cubierta con los apellidos, encuadrados y separados en su mitad, de los dos candidatos. La fecha electoral discretamente estampada en el margen inferior.

En su capacidad para imaginar han dado con otras posibilidades. La que más me ha llamado la atención es la apropiación y distorsión del eslogan demócrata de Hillary for President 2016 (Hillary como presidente en el 2016), al que le han añadido un toque de frescura: Hillary for Prison 2016 (Hillary a prisión en el 2016).

Y creo que está gustando mucho porque cada dos por tres los propietarios se quejan de su desaparición, obligándolos a reemplazarlas previo desembolso, lo que, imagino, estará contribuyendo a que el mercado, ¿chino?, fluya con mayor entusiasmo. Aunque algunos propietarios, hartos del hurto, ya han aprendido la lección, y para disuadir a los vándalos, han puesto cámaras y electrificado esta posesión.  

Afortunadamente, de momento no he visto ninguna pancarta en la parcela de mi estudiante, pero me andaré con ojo la próxima vez que toque mi visita. No sea que, me entre el síndrome de Stendhal, alargue la mano, y, el resto, sea historia.