miércoles, 23 de agosto de 2017

Diseña por nuestro bien

No es que Frederick Law Olmsted hiciera su recorrido solo por Massachusetts, pero el retorno al estado me han traído su persona a la memoria.

Olmsted (1822-1903) fue un arquitecto paisajista. Mejor dicho, fue el arquitecto paisajista estadounidense. Para nombrar las contribuciones en las que participó necesitaríamos tirar de folio, pero ya con solo nombrar Central Park, la Exposición Universal de Chicago de 1983, los terrenos del Capitolio o el Emerald Necklace, una red de parques conectados entre sí en Boston, nos podemos hacer una idea de la magnitud y repercusión de su obra.



Aunque nació en Connecticut y era experto en tierras californianas, fue en Massachusetts donde sus proyectos tuvieron mayor acogida. Olmsted no llegó a la idea de que, para que el género humano conservara su bondad, la belleza pastoral de la naturaleza debía ser compartida e integrada de manera natural en la vida de todos los hombres y mujeres, independientemente de su condición económica o social, esclavos incluidos, de buenas a primeras. Para descubrirlo tuvo que seguir una carrera en periodismo, sazonada con una buena dosis de investigación en la economía procedente de la esclavitud. De sus observaciones salieron tres libros con las contribuciones que publicó en el New York Times sobre sus viajes por el sur de Estados Unidos y que suponen un importante documento social sobre la época previa a la Guerra de Secesión. También de un viaje que hizo a Inglaterra años antes, en 1850, para embeberse de la obra del diseñador Joseph Paxton, especialmente de su Birkenhead Park, el primer parque en el mundo que fuera subvencionado con fondos públicos, es deudor. 

Muy recomendado desempolvar sus libros. 

martes, 22 de agosto de 2017

Hoy no, Satán


Si a los paseos marítimos de Nueva Jersey se les conoce por algo es por ser, en su mayoría, horteras. Una fila de atracciones de feria, (hacer saltar a la rana de su nenúfar, pasar la pelota de baloncesto por el aro o pinchar un globo con una escopeta) se intercalan con puestos de fannel cake, una especie de churro refritísimo y aburruñadísimo, pizza y tiendas que venden fudge (una mezcla de azúcar, mantequilla y leche), salt water taffies, unos caramelos masticables hidrogenados, y unas manzanas caramelizadas descomunales con una selección que atrapa todos los gustos.

En el paseo marítimo también hay salones recreativos, muy útiles para refugiarse de las tradicionales lluvias neojerseítas, en los que se ve a los críos, y no tan críos, jugando con maquinitas de los años 80, manejando garfios para situar sobre maletines cargados de premios o recogiendo ristras de tickets tan largas, que, para canjear por premios, el muchacho tras el mostrador tiene que pesar en una balanza.

Y un parque de atracciones. Apto para todo tipo de estómago. Y digo lo de estómago porque algunas de las atracciones, mejor dicho casi todas, te ponen el estómago en la boca. La típica montaña rusa, el pulpo o un brazo de acero con una plataforma redonda en la que se sientan los lanzados y que casi alcanza una perpendicularidad con la tierra que mantiene a los que miramos desde abajo atónitos de espanto.

En esta última visita también he descubierto otra atracción. La captación cristiana. Jóvenes, no tendrán más de veinte años, que se echan al paseo entablado para lograr clientela, por lo general tan jóvenes como ellos. Y parece que está funcionando porque en la iluminación artificial de la noche, en las espaldas de algunas camisetas se podía leer el mismo mensaje ahuyentando al Diablo: "Not Today, Satan" (Hoy no, Satán), una frase sacada del contexto homosexual pero de la que se han apropiado los conservadores.

Aún con estas nuevas o renovadas atracciones, el paseo marítimo sigue manteniendo su encanto.

lunes, 21 de agosto de 2017

Contemplaciones religiosas


A Ocean Grove, una zona que depende de la administración municipal de Neptune, se la conoce por ser un bastión metodista. Veranear aquí, (la playa está a unos seis minutos andando), puede dejarle a uno el bolsillo temblando. Hacerse un hueco en una de las famosas tiendas de campaña, hay 114, en las que los animales, las latas de cerveza (se puede beber en vaso) y las barbacoas están prohibidos, (hasta hace poco también lo estaban los aires acondicionados a menos que hubiera prescripción facultativa de por medio), saldrá por más de 6000 dólares. Eso sí, cubre el periodo del 15 de mayo al 15 de septiembre, ya que luego se desmontan. Esta Ciudad de las tiendas comenzó en 1869 con las reuniones religiosas y, desde entonces, da pingües beneficios.

Los inquilinos no tienen por qué ser metodistas, pero de alguna manera tienen que mostrar su apoyo espiritual a la causa. Para asegurarse de que sucede así, se entrevista a los posibles candidatos y, aunque muchos aprueban y pasan a la lista de espera, esta es tan larga, que algunos han esperado más de diecinueve años para alojarse bajo la lona. Eso sí, las tiendas son una maravilla, especialmente de noche, cuando la impresionante cruz metodista del Gran Auditorio las ilumina. El Gran Auditorio (The Great Auditorium) no pasa desapercibido. Con una capacidad para 10000 asistentes en su tiempo, ahora reducida a unos 6000, es una bella fortaleza de madera levantada en 1894 que alberga uno de los órganos de mayor tamaño en los Estados Unidos. Para que nos hagamos una idea, Leonard Bernstein una vez comparó la acústica del edificio con la del Carnegie Hall. El lugar en el que se asienta una estatua de Ellwood H. Stokes, el Padre de Ocean Grove, justo frente al Gran Auditorio, ha convertido a este rincón en una de las calles más bellas de América.

Durante el verano, los domingos es día de culto y se celebra en varias dependencias. Bien se puede optar por el Gran Auditorio o, si se prefiere, al rumor de las olas en el Pavilion Praise, al abrazo del paseo marítimo. El resto de la semana no queda desangelado y también se ofrecen celebraciones religiosas. No cabe duda de que en este lugar tan privilegiado uno puede y debe andarse con contemplaciones.

viernes, 18 de agosto de 2017

Kit de inglés 54: to get down to brass tacks

La frase de la semana es get down to brass tacks. Esta expresión la podríamos traducir por ir al meollo de la cuestión, y literalmente por ir a las tachuelas de latón. Como siempre, aquí dejo una pronunciación chapucera que espero sirva de ayuda. (Tu guet daun tu bras taks). Y aquí la buena con una magnífica explicación.

El origen de la expresión es incierto, aunque, como siempre, se barajan distintas teorías. Una deriva del mundo de la tapicería y los muebles. To get down to brass tacks consistía en la elección de una tela, medirla y cortarla.

Otra se basa en efectos rítmicos de la frase y no parte de los Estados Unidos, sino del cockney, la jerga rimada del mundo del hampa londinense. Por lo visto brass tacks equivale a facts, (hechos).

Parece que la primera hipótesis tiene más tirón, señalando a Texas el foco del que saliera la expresión allá por el siglo XIX.

Una frase: Trump and Putin Get Down to Brass Tacks (Trump y Putin van al meollo de la cuestión).

jueves, 17 de agosto de 2017

Animales con casco al estilo de la Primera Guerra Mundial


Hoy, una de Biología.

Anoche, de regreso a casa, justo al comienzo de la Tenth Avenue en Belmar, la avenida que Springsteen y la E Street Band hicieran famosa en Born To Run un 25 de agosto de 1975, me acordé de los cangrejos cacerola que viven en el Shark River, a la derecha de la avenida. Estos quelicerados a los que también se conoce como cangrejos bayoneta, cangrejos herradura o tanquecitos de mar entre otros nombres, se parecen más a las arañas que a los cangrejos, y son muy abundantes en las costas de Nueva Jersey.

El verano pasado tuve la suerte de ver sus enormes caparazones sobre la arena, una especie de cascos con un asombroso parecido a los que se usaron en la Primera Guerra Mundial. Tienen la particularidad de que el cobre, en lugar del hierro, corre por sus venas. Su resistencia a las bacterias les hace ser muy apreciados en la industria farmacéutica. Aquí dejo una entrada con una detallada explicación.

Y no, en el coche no sonaba Springsteen con su Banda, sino Cream, que tampoco está mal.

miércoles, 16 de agosto de 2017

¿Quién carga la Seat Trans?

Hoy, una de melancolía. Hace treinta años, cuando aún no existían las aplicaciones que poner bajo un altavoz para que nos soplaran la vida y milagros del que estaba sonando, uno tenía que acudir a mentes más sabias o bien dejar morir la curiosidad.

Como no me descargo aplicaciones y en su momento no acudí a los que más sabían, la tercera vía, la del olvido, parecía inevitable. Afortunadamente del aparador de los olvidos he podido rescatar una sintonía usada en un anuncio televisivo en España. El anuncio en cuestión es de 1986. Algunos o muchos lo recordarán. La Seat Trans. Aunque la letra y la voz fueron adaptadas para promocionar la venta de dicho vehículo, la música seguía siendo reconocible.

Tennessee Ernie Ford (1919-1991) fue el que popularizó 16 Tons (16 Toneladas) un título muy adecuado para vender la fortaleza de la furgoneta, aunque estas 16 Toneladas las cantó por primera vez Merle Travis en 1947 para narrar los trabajos y las adversidades de un minero de carbón en Kentucky que se ve obligado a empeñar su existencia comprando en el economato de la compañía minera para la que trabaja. Esta canción podríamos considerarla como un himno del trabajador. Y una curiosidad. En 1974 la banda de Ernie Ford fue el primer grupo musical estadounidense de estilo pop que viajó a la Unión Soviética.


Tennessee, gracias a su profunda voz de barítono, se manejaba como pez en el agua en el country, pop, gospel o la música para cowboys. En 1956 llegó a contar con su propio programa de televisión, The Ford Show, llamado así por el patrocinador del programa, el fabricante de coches.  

Aquí dejo a este magnífico. 

lunes, 14 de agosto de 2017

La madre de todas las rutas en televisión

Aunque la madre de todas las rutas, término que acuñó Steinbeck para referirse a la Ruta 66, unas 2400 millas de carretera que conectan Chicago con Los Ángeles y se alargan hasta Santa Mónica no pasa por Ohio, eso no impidió que algunos episodios de la serie televisiva Ruta 66 se filmaran aquí. De hecho Kinsman, el pueblecito en el que nació Clarence Darrow y que mencionábamos en la entrada de ayer, aparece en uno de ellos. Cleveland se lleva los cinco restantes que se filmaron en Ohio.

Esta serie televisiva que salió en 1960 y se clausuró cuatro años más tarde aunque con un intento en los 90 de reavivarla pero que no cuajó, copiaba vilmente el estilo de una de mis series favoritas, The Twilight Zone, una creación de ese genio que era Rod Serling. Del beatnik por excelencia, Jack Kerouac, tomaron su manifiesto En el camino. Stirling Silliphant, el guionista de tantos éxitos comerciales, como El Coloso en llamas, y creador del drama policial Naked City, se robó a sí mismo, especialmente de un episodio titulado Four Sweet Corners en esta serie. Y digo que se plagió a sí mismo porque fue el creador de la serie junto a Herbert B. Leonard.  

Rodada en blanco y negro, narra las aventuras de dos hombres. Buz, (más tarde reemplazado por Lincoln), y Martin, a bordo de un Corvette. Martin se acaba de graduar de la prestigiosa universidad de Yale mientras que Buz había sido un empleado de su padre, un banquero arruinado. La incorporación de Lincoln trae un personaje más sombrío, el veterano de la guerra de Vietnam. En cada episodio aparecen situaciones y personajes distintos. Por cierto, que por esta serie desfilaron multitud de caras conocidas, desde Boris Karloff pasando por Peter Lorre o Lee Marvin, por citar algunos. 

Aquí dejo la sintonía