miércoles, 20 de febrero de 2019

De cacería con Tom

[Lion hunt]

Y sigo con la música. Hoy, otro olvidado, otro grandísimo, que, a diferencia de Ochs, optó por tomárselo todo a guasa. El Woody Allen de la música. Y, como este, también hijo de la tribu de Israel. El incomparable Tom Lehrer. Este matemático de noventa años que dejó las aulas y los laboratorios más prestigiosos durante un tiempo para arrimarse al piano y adornar con su genial verbosidad cada nota, también estaba enfadado y enrabietado: a la cultura de su época la miraba sorna y los políticos eran un saco sin fondo para su producción musical. Y cómo no, la educación. Sus letras son prácticamente imposibles de retener, una cascada de ideas y palabras escupidas a velocidad vertiginosa que apenas conocen repetición. Títulos como George MurphyWho's Next? (Quién es el siguiente), Pollution (Contaminación) o Whatever Became of Hubert (Qué fue de Hubert [Humphrey])? dan una idea de su implicación política y social. 

A veces me pregunto si Ochs y Lehrer llegaron a conocerse. A Lehrer, que vive en California, me encantaría preguntarle si cree que la sociedad de hoy es merecedora de alguno de sus cantes. Por cierto que Lehrer se apartó del mundo musical a finales de los 60. Demasiados sobresaltos, supongo. Aquí lo dejo con The Hunting Song (La canción de la cacería), un referente para los defensores de los derechos de los animales.   

lunes, 18 de febrero de 2019

Palabra de Dylan

Gen. Pershing at microphone, [9/13/24]

No hay nada mejor que un espléndido avituallamiento de CDs cuando se pretende atravesar el tráfico horripilante de Nueva York. Mi repertorio abarca de todo, desde rap, antiguo claro, hasta joyas clásicas. Una vez que pasado los trancazos de los túneles y mi esposo y yo vemos los carteles que anuncian Sleepy Hollow nos da por poner a un grande olvidado: Phil Ochs.

Mi esposo tuvo el placer de conocer en persona a su hermana, Sonny, que es la que se encarga de mantener viva el talento innegable de este gran músico. Su hermano, Michael, bien conocido también en el circuito musical, todo músico de rock 'n', roll de fama y sin ella ha pasado por su cámara, también hace lo suyo diseminando la colección de fotografías que posee de su hermano.

Aunque nació en El Paso, Tejas, pasó unos cuantos años en Ohio y otros en Nueva York. Ochs es el trovador de la canción protesta. Y conocía a los grandes como él. Con Víctor Jara tenía una amistad especial. Cuando a Jara ya se lo habían quitado del medio, Ochs organizó Una Noche con Salvador Allende, un concierto en el Madison Garden para protestar contra el golpe militar. Dicen que, con el asesinato de su amigo, comenzó el declive de Ochs. Para los que estén interesados, There But Fortune, (Podía haber sido yo o Podía haberme tocado a mí), es, además de ser una canción de Ochs que Joan Baez hiciera famosa, de momento, el único documental sobre su vida. Sus letras son feroces, cautivadoras, sagaces. Su voz un gemido que suena casi como el clarinete del que era virtuoso. Pero Phil se cansó. De los Johnsons, los Nixons, los Vietnams y del asco que sentía por la apatía de la sociedad que le había tocado en desgracia. Ochs sufría porque, como suele pasar en estos casos, era capaz de ver la grandeza estadounidense triturada en manos inmundas. Ochs cerró su asco con No More Songs (Se acabaron las canciones), la última que grabó en un estudio.

Pasar una tarde con Phil, no cabe duda de que le deja a uno con un nudo en la garganta. Mi esposo y yo, que intentamos ser respetuosos con el talento, apagamos el reproductor unos minutos en cuanto Phil se va, exhalamos una bocanada de aire y nos miramos brevemente a los ojos. Luego, nos ponemos a hablar de él y de sus letras, y siempre terminamos por concluir que es mejor, lo siento señor Zimmerman, que el de Minnesota. Palabra de Dylan.

jueves, 14 de febrero de 2019

Kit de inglés 133: blow one's mind

5.  DETAIL EXTERIOR VIEW OF CUPOLA AND WEATHER VANE ON TOP OF THE FISH HATCHERY BUILDING. - Bonneville Project, Fish Hatchery, On Columbia River bordered on South by Union Pacific, Bonneville, Multnomah County, OR
Y esta semana una de soplidos. Blow one's mind. Literalmente soplar (probablemente con vientos huracanados) la mente de uno. La expresión podríamos traducirla por impactar, sorprender o dejar sin habla. La pronunciación irreverente. Blóu guans máind. Y la buena en esta clase (segundos 43-44 y 1:45-1:47).

La expresión comenzó en los años sesenta del siglo pasado, coincidiendo con el uso del LSD. Supongo que, en un principio, el viaje alucinatorio dejaría maravillados y sin habla a algunos exploradores. Aunque esta forma también puede usarse para expresar sorpresa ante una circunstancia negativa.

Frase:

25 books that will stick with you and blow your mind
Veinticinco libros que se quedarán en tu memoria y que te sorprenderán.

miércoles, 13 de febrero de 2019

General Sherman, sin novedad en el frente.

El año que dejamos atrás libró del fuego californiano al General Sherman. El General es una sequoya que luce el palmito de contar con la mayor cantidad de biomasa de nuestro planeta. No es la secuoya más alta pero su tronco tiene un perímetro bastante abultado, 31 metros, y un volumen de casi 1500 metros cúbicos. Dos mil años tiene la criatura, lo que, en edad secuoya, la convierte en un adulto en la cincuentena (las secuoyas gigantes pueden vivir unos 3500 años). Como está en edad de crecer, al año, un metro y medio más de circunferencia. Larga vida al General.

martes, 12 de febrero de 2019

Pan duro nuestro de cada día


G.W. Mundelein, Archbishop of Chicago
Leo en El País que "La Iglesia mexicana ha suspendido a 152 sacerdotes en los últimos nueve años por abusos a menores". Ayer también le tocó a otra congregación. A la Southern Baptist Convention, la agrupación evangélica más numerosa en Estados Unidos. Unas 300 personas involucradas en abusos a mujeres y niños.

El mismo pan duro nuestro de cada día.

De Markina a Florida

Hace unos días estuve viendo la historia de la cesta punta en este país. Porque este país, hasta hace unas décadas, tenía bastante seguidores, sobre todo en Miami y en Hartford, Connecticut, del deporte más rápido del mundo. Hasta 300 km puede alcanzar la bolita. Fueron los 70 y los 80 sus años locos, aunque fue en la década de los veinte, cuando los jugadores vascos y franceses profesionales se pasaban seis meses en Europa y los seis restantes en Cuba, que el deporte tomó carrerilla en Estados Unidos.

Jai Alai Hall, Havana, Cuba

Pero como pasa muchas veces: la buchaca casi que acabó con él. Una huelga de casi cuatro años, seguramente la más larga en la historia de cualquier deporte, lo dejó tiritando. Los propietarios de la liga de cesta punta querían quedarse con el dinero de las apuestas sin repartirlo con los jugadores. Las pistas vacías y los aficionados, cansados de tanto esperar, escaparon al baloncesto, el béisbol, los rascas de lotería y, sobre todo, a los casinos. Y es en los casinos precisamente donde se pueden encontrar las canchas de frontón. Una manera de asegurarse su supervivencia. En Florida se puede ver una cubierta con cristal de Markina.

Seis frontones quedan, uno se abrió en Tejas en el 2009. El de Dallas tiene capacidad para que 12000 espectadores vean a cuarenta y cinco pelotaris lanzar la bola que, en Miami por lo menos, hasta hace bien poco, un cubano con su habano, confeccionaba a mano. Aquí dejo el video con el documental.

domingo, 10 de febrero de 2019

¿Y Ahab era?

Cutting up a blue whale

En agosto celebraremos el bicentenario del nacimiento de Herman Melville. En Arrowhead, la granja en la que escribiera la vida de Ahab y la ballena, una casa de campo rodeada de tierra que él una vez labrara, este año se podrá ver el festival de cine Moby Dick. Las películas son gratuitas. El ciclo que comenzó el 17 de enero se clausurará a finales de este mes. Y no. La película con Gregory Peck no se verá. Quizás por ser sobradamente conocida o tal vez como un acto de compasión hacia el capitán al que, en la película, no cabe duda de que se le representa casi como un desequilibrado mental.

Y es que el pobre capitán en el que basara Melville su libro tiene nombre y apellidos. Se trata del malhadado George Pollard Jr. Noviembre de 1820. A bordo del ballenero Essex, un cachalote de casi tres metros embistió el barco, haciéndole naufragar. Veinte hombres sobrevivieron a bordo de distintos botes. Uno de los que iban en el del capitán era un joven de dieciocho años, Owen Coffin, (Owen Féretro, ese era su apellido), y que daba la casualidad de que también era su primo. Sin nada que llevarse a la boca y tras dos meses y medio a la deriva, lo echaron a suertes: el que sacara la pajita más pequeña sería devorado por el resto. Fue el joven Coffin el desafortunado. Pollard se ofreció a sustituirlo, pero el joven rechazó la propuesta.

Pollard nunca se recuperó de aquel horror, sobre todo porque había prometido a la madre del muchacho que se lo devolvería sano y salvo. Parece que la tragedia siempre lo persiguiera, ya que volvió a acontecerle un segundo naufragio del que también sobrevivió, aunque este le puso el punto y final a su vida en alta mar, condenándolo a vigía nocturno en los muelles.

Cuando Pollard contaba sesenta años y Melville acababa de dar carpetazo a su magnum opus fue a visitarlo. Encontró un hombre de pocas palabras, atormentado de espanto y agonía. Tal efecto causó en Melville, que el autor le incluyó en su poema épico Clarel, el poema más largo de la literatura estadounidense.