jueves, 17 de octubre de 2019

kit de inglés 166: too big for your britches

Esta semana, una de pantalones. Too big for your britches. Literalmente demasiado grande para tus calzones y que equivaldría a nuestro con los humos subidos a la cabeza o simplemente ser un arrogante. 

Wearing the breeches

La pronunciación casera: tu big for yor bríchis. Y la buena aquí. (Minuto 1:03-1:06)

La expresión parece que es sureña y que en 1835 ya se estilaba. De nuevo, es al bueno del congresista Davy Crockett al que parece que le debemos dicha forma. Es en su relación An Account of Col. Crockett's Tour to the North and Down East, (Relación del viaje del coronel Crockett en el Norte y el Este) donde se recoge por primera vez. 

Frase sacada de su relación:

I myself was one of the first to fire a gun under Andrew Jackson. I helped to give him all his glory. But I liked him well once: but when a man gets too big for his breeches, I say Good bye.

Yo mismo fui uno de los que dispararon un arma bajo las órdenes de Andrew Jackson. Contribuí a darle la gloria. Una vez lo aprecié. Pero cuando un hombre se vuelve un arrogante le digo adiós. 

Nótese que Crocket escribe breeches, en lugar de britches, pero los pololos son los mismos

miércoles, 16 de octubre de 2019

¿Recuerdas el Maine?

Monumento a los fallecidos del Maine, inaugurado el 16 de septiembre de 1914. 

Vaya que si nos acordamos del desastre del Maine. Gracias a William Randolph Hearst, el magnate de la prensa, imposible olvidarlo. En 1911 el gobierno rescató del fondo del mar el acorazado para dar sepultura a los que perdieron la vida en el trágico suceso y, de paso, sacar los enseres de valor y un cachito del fondo del mar. En el reparto a Pittsburgh le tocó la pieza que se ve en la fotografía. El tubo lanzatorpedos y un ojo de buey. La presencia del monumento se debe a la persistencia del alcalde Charles Geyer, que también quería honrar la memoria de Friend William Jenkins, el único miembro del cuerpo naval de la zona de Pittsburgh que perdió la vida.

Al famoso cementerio de Arlington, lugar en el que descansa Kennedy, llegó el mástil. A Charleston llegó el cabrestante. En Oakland, California, tenemos una tronera, en el estado de Nueva York, el silbato, en Portland, un cañón, en Lewiston, Maine, un proyectil, en Massachuestts un ventilador, en Reading, aquí en Pensilvania, un ancla. El por aquel entonces ayudante del secretario naval, Franklin Delano Roosvelt, se la dedicó a la ciudad personalmente.

Aunque no todo lo que se rescató era pura artillería. El objeto que más dio que hablar fue la bañera de acero esmaltada del capitán Sigsbee. Un congresista de Ohio pensaba entregársela a su pueblo para ganar votos en tiempos de campaña, pero estos no cayeron en la trampa y lo despidieron con aguas destempladas. El patriotismo en este caso, no funcionó.

Por cierto, decir que el buque, aunque se sacó del agua para efectuar las labores de rescate y despiece, fue devuelto al fondo del mar, y allí sigue, en aguas cubanas.

lunes, 14 de octubre de 2019

Sobre las olas

Acabo de ver en WQED, la televisión pública de Pittsburgh, Sobre las olas, un sensacional documental de la doctora Carolina Loyola García, profesora de Artes Audiovisuales en la Universidad Robert Morris, que intenta definir qué es el flamenco. La doctora también es una extraordinaria bailaora. Gracias a su pasión exite una comunidad flamenca bastante vital. Con ella podemos aprender este arte en su Centro Flamenco que tiene aquí en Pittsburgh. 

Una de las personalidades del mundo de la música a la que entrevista la doctora Loyola es a Carmela Greco. Con ella estudió en una de sus estancias en España. Carmela Greco, que tiene su estudio en Antón Martín, es hija de José Greco, el famoso bailaor y coreógrafo de sangre italiana que bailaba con alma española. Greco era miembro de la compañía que la Argentinita tenía en Nueva York y en la que ingresó en 1942, tres años antes del fallecimiento de la sensacional artista. A José Greco le debemos que el flamenco se metiera con fuerza en Estados Unidos. Para que nos demos cuenta de su capacidad para atraer a las masas, decir que en 1953 Greco y su compañía lograron reunir 19000 personas en el estadio Lewishn en Nueva York. Esta habilidad para atraer público, sin embargo, a veces no pudo contrarrestar que se le tachara de sucedáneo, una suerte de Gypsy Kings de la época. 

Aquí dejo el tráiler del documental. Por cierto que, si se está por la zona, el 26 de este mes se les podrá ver en concierto en el Pittsburgh Center for the Arts.

domingo, 13 de octubre de 2019

Enfermedad pulmonar misteriosa

A ocho de octubre, llevamos mil doscientas noventa y nueve personas afectadas con una enfermedad pulmonar misteriosa. ¿Qué tienen en común? El uso de cigarrillos electrónicos o aparatos similares.  A la inhalación mediante estos sistemas se conoce por vaping y, supongo que en el ámbito hispanohablante, por vapear. Las autoridades han debido ver la cosa tan mal, que hasta el republicano Baker, el gobernador de Massachusetts, acaba de prohibir la venta de productos aromatizados dedicados a esta actividad. Washington, Oregón, Michigan, Rhode Island, Nueva York y Montana también los han prohibido. La administración presidencial aún no se ha pronunciado, aunque el mes pasado dijo que los iba a retirar.

De momento, la prohibición se extiende a los productos que contengan nicotina y THC (principal componente psicoactivo del cannabis) que vengan disfrazados con riquísimos sabores y estén destinados a la inhalación. Melón, fresa, chocolate, chiles, palomitas de maíz con mantequilla... Fuera. Decir que la prohibición es temporal. Cuatro meses. Supongo que pensarán que, para entonces, ya habrán dado con la fórmula que les saque de dudas.


En la amplia gama de sabores bautizados con nombres extremadamente creativos reside, esencialmente, el problema, ya que los hace más apetecibles al público. Los usuarios más afectados por esta epidemia son los adolescentes que, de momento, suponen más de un tercio. Muchos de ellos consiguen las cargas a través de Internet, en la tienda de la esquina o en el quiosco del centro comercial, lugares en los que no les van a pedir identificación.

Para asegurarse la adicción, el cartucho nada en nicotina. Un recambio de un JUUL, por ejemplo, equivale a fumarse 20 cigarrillos en una sentada, una caja completa. Y si la nicotina se entrega en un envase que se parece a un pendrive, la resistencia es fútil. Palabra de Borg.

jueves, 10 de octubre de 2019

Kit de inglés 165: to cut corners

Esta semana to cut corners. Literalmente cortar esquinas y que en español podríamos traducir por tomar atajos, economizar esfuerzos. 
La forma parece que se la debemos a Mark Twain, el gran cínico americanoque, en 1869, la deja escrita en sus Inocentes en el extranjero. 
La pronunciación de andar por casa: tu cat córners. Y la buena aquí (segundos 8-9). 
The boyhood home of the American writer Mark Twain was this gray house on Hill Street, Missouri, the house described as Tom Sawyer's home in Mark Twain's best known story, "The Adventures of Tom Sawyer"

Frase: 
Trump is dangerously cutting corners in his quest to remake the Judiciary.

Trump se está atreviendo mucho al tomar atajos en su búsquedad por rehacer el Poder Judicial.  

miércoles, 9 de octubre de 2019

¿No quiere preguntar? No hay problema

Y hoy de nuevo nos vamos a la biblioteca. Esta vez con una buena noticia para los introvertidos. La Carnegie Library (La red de bibliotecas Carnegie) ha puesto en circulación los marcadores de libros para los usuarios que no quieran mantener una conversación con los bibliotecarios o para aquellos que prefieran no airear el tema en el que están interesados. El marca páginas es fácilmente reconocible por unas enormes letras moradas de un Don't want to ask? ¿No quiere preguntar? En la tarjetita el usuario podrá encontrar la clasificación bibliográfica (se utiliza la de la Biblioteca del Congreso) con el listado de los temas.

[Librarians and patrons in the circular main reading room of the Library of Congress, Washington, D.C.]

martes, 8 de octubre de 2019

Donde cae la luz

De descubrimiento a descubrimiento: hace unos días salía Proust del armario con ocho cuentos inéditos, y Lauren Groff casi al mismo tiempo nos trae una selección de cuentos en Where the Light Falls (Donde cae la luz) de la olvidada Nancy Hale. 

Hhale era hija de dos pintores impresionistas de clase acomodada. Su padre, Philip Leslie Hale conoció a Monet en Giverny, y su madre, Lilian Wescott Hale, con frecuencia más preocupada por su arte que de la hija, era una retratista de éxito. Quizás fuera la negligencia de sus padres la que la lanzara a los brazos de la literatura, aunque de casta le venía al galgo, ya que su tía abuela fue Harriet Becher Stove, la autora de la Cabaña del tío Tom, obra publicada en 1852. 

En Nueva York, inmediatamente después de su primer matrimonio, es cuando Hale se establece como escritora. En la revista Vogue consigue trabajo como escritora y editora. También en Nueva York trabaja para Vanity Fair y el New York Times, donde se convertirá en la primera mujer reportera.

Durante toda su vida, Hale tuvo que luchar contra la depresión y problemas mentales agravados por los patrones tradicionales de las tareas que debe desempeñar una mujer. El panorama catastrófico de la Segunda Guerra Mundial también debió poner su granito de arena. Cuatro de las historias que Lauren Groff nos presenta en Where the Light Falls son producto de esa inestabilidad mental. Miss August (Miss Agosto), Some Day I´ll  Find You (Algún día te encontraré), Sunday (Domingo), y la sensacional Who Lived and Died Believing (Quien vivió y murió creyendo)

University of Virginia, Charlottesville, Virginia. View through columns down grassy stretch at University of Virginia

Hale fue una escritora muy prolífica. Relatos, novelas, teatro, no ficción y un libro de memorias. Fue durante su tercer matrimonio con el profesor de Inglés de la Universidad de Virginia, Fredson Thayer Bowers en 1942, cuando no solo publica su mejor novela, The Prodigal Women, (Las mujeres pródigas), un retrato de corte regionalista sobre tres mujeres (Nueva Inglaterra y Nueva York son sus otros dos focos de inspiración), sino que también es capaz de batir su marca personal al publicar doce relatos en la revista New Yorker en tan solo un año. Seguramente el ambiente académico y sus charlas con Faulkner en 1957 y 1958, años en los que Faulkner estuvo de profesor invitado, no le vinieron mal.

Para los que sepan inglés, aquí dejo una muestra de la extraordinaria habilidad de esta retratista.