miércoles, 31 de agosto de 2016

Libros de colorines, ¿para todos?

Nunca compro nada, de hecho tengo crédito con una librería de viejo en un pueblo cercano a mi residencia, pero de vez en cuando me gusta pasearme por Barnes & Nobles a ver qué novedades tienen. Para los que no lo sepan, Barnes & Nobles es la librería más grande de Estados Unidos. Aquí, además de libros y revistas, claro, se pueden encontrar artículos de regalo, sobre todo los relacionados con el mundo del libro y de la informática. También cuenta con una importante sección de juguetería y música, y si a uno le apetece tomarse un frappuccino mientras hojea un libro, puede hacerlo en el Starbucks, normalmente suele haber uno.  

Recorriendo los pasillos, hace tiempo que vengo notando el poder omnímodo de las secciones de autoayuda, religión, ejercicio y cocina. Lógicamente la misión de la librería es vender, y si los clásicos solo pueden salir adelante con el respaldo de las nuevas tendencias, supongo que habrá que conformarse. La cuestión es hasta cuándo. Cuánto puede aguantar la vara antes del chasquido.  

A las hordas de autoayuda, religión, ejercicio y cocina hay que añadir una nueva adquisición. Alguien la había colocado estratégicamente a ambos lados del vestíbulo. Imposible la escapatoria. Portadas muy llamativas, al principio me pareció que se trataba de libros de filosofía india. En una segunda exploración me di cuenta de que, aunque efectivamente había dado en el clavo con lo del tema "indio", de la India, se entiende, pues la conocida forma circular del mandala ahogaba la cubierta, había errado en lo de filosofía. Era un libro antiestrés. Y cómo funcionaba. Muy sencillo. Solo había que colorear las formas geométricas en el interior. Destinatarios. Niños grandes. El horror, obviamente, había traspasado el umbral, decorando estanterías en donde vivía de polizón. Sección de revistas, cómics, romance, incluso vi uno con motivos escandinavos que alguien dejó sobre una mesa en el Starbucks. Era evidente que la invasión de estos libritos de colorear para adultos, así reza en sus portadas, se había llevado a cabo sin rubor. 


La infantilización de la población no es un fenómeno de nuevo cuño. Resistirse a la ociosidad requiere una disciplina y una voluntad que, muchas veces, puede parecer lejana y desconocida, como si fuera impropia de este mundo. Pero sí, existieron. No hace tantos años que dejamos atrás a Stuart Mill, a los tres años ya sabía griego gracias a las enseñanzas de su padre, y más cerca aún, las hermanas Polgár, ases del ajedrez, cuyo padre, al igual que el de Stuart Mill, (¿tendrán los padres algo que ver con esto?), se encargó de su educación, dándonos el vívido ejemplo de que "los genios se hacen, no nacen".  

Revisando las noticias de hoy, he encontrado una en la que se resalta el éxito logrado por un estudiante. Su hazaña: contar con figuritas LEGO la dureza de la vida universitaria. Pero el estudiante ha preferido mantener el anonimato. Su decisión responde a necesidades laborales, nos confiesa. Se encuentra en el último año de carrera y en breve tendrá que iniciar la búsqueda de trabajo. El joven es consciente de que una sitcom a lo LEGO probablemente no lo beneficiaría, a menos que estuviese intentando hacerse un hueco en el mundo de la farándula o como decorador, pero me da en la nariz que, probablemente, esté estudiando Económicas, y no quiera ahuyentar posibles ofertas con su tufo infantil. A su favor, por lo menos, le queda el sentimiento de vergüenza. Ahora la cuestión es saber si, además de infantil, también está estresado y si, sobre todo, ya tiene un cuaderno de colorear para adultos.

Y a ustedes, ¿les parece que los libros de colorear para adultos son una mala idea? ¿Tal vez piensan lo contrario?

martes, 30 de agosto de 2016

Pioneer Days

Cuando vivía en Pensilvania todos los veranos acudía a un festival que duraba un par de días y que pretendía celebrar la herencia de los nativos americanos de la zona oeste de dicho estado. En el mismo también se reproducía cómo era la vida en los tiempos de los pioneros. En una explanada del parque de protección estatal, previo pago de un dólar, cantidad simbólica, se podían ver los distintos campamentos a los que se les habían asignado distintas funciones y contenidos.

En el asentamiento indio, por ejemplo, las mujeres preparaban un suculento guiso a base de pavo, arroz, maíz, judías, calabaza y patatas. También se veían tipis o tiendas indias, completamente deshabitadas por el calor sofocante y la agresión de mosquitos. Algunos actores llevaban collares de garras de oso, tenían la cara pintada de negro y vestían taparrabos, en clara alusión a las tradiciones indias, y, por lo que supe después, de raigambre hurona.

En los otros campamentos también se cocían demostraciones con destrezas del ayer: elaboración de mantequilla, confección manual de helados, fabricación de velas, hilado o talla de madera. En la misma pradera había una sección con sillas plegables. Era para acomodar a los asistentes de la subasta a sobre cerrado o lo que aquí llaman subasta silenciosa. En un papel los participantes escriben la cantidad que ofrecen por el objeto subastado, evitando así la lucha con una contraoferta. Normalmente estas subastas son de carácter benéfico. El tradicional concurso de a ver quién se embucha más pasteles, previo pago de una cuota de inscripción, por supuesto, no faltaba. Como tampoco faltaba el campamento de la Guerra de Secesión que aquí se denomina Guerra Civil.

Hombres uniformados de azul limpiando sus armas, haciendo prácticas de tiro o enseñando a los asistentes cómo disparar un rifle. La función de las damas también tenía su espacio en el campamento bien al pie de una cocción o paseándose del brazo de un militar. Pero, lo que más tirón tenía sin duda, eran las recreaciones de tres personajes históricos: Abraham Lincoln, Ben Franklin y Daniel Boone, ¿sería porque estos dos últimos eran oriundos de Pensilvania?

Me he enterado de que, este año, tras veintidós ediciones, el festival se ha cancelado. Supongo que por motivos de índole económica. Una lástima que las oportunidades de ocio y conocimiento, independientemente de los estereotipos, se vayan arrumbando. Así perdemos todos, ¿no les parece?

lunes, 29 de agosto de 2016

¿Bailaban los políticos?

A ritmo de hip hop, rap, salsa y otros compases Lin Manuel Miranda ha metido en Broadway su musical Hamilton, y está pegando fuerte. Este fenómeno, que ya comenzó el año pasado, saldrá en septiembre de sus dominios, Nueva York, para compartir las vicisitudes del histórico personaje. Chicago ha sido la ciudad afortunada (aunque la representación se hará con una compañía local) hasta marzo del 2017, cuando el espectáculo, esta vez sí, con la compañía original, se llevará a San Francisco. Los que quieran ver el musical en el Viejo continente tendrán que esperar hasta octubre del año que viene a que desembarque en Londres.

La idea de fraguar un espectáculo alrededor de Alexander Hamilton, uno de los Padres fundadores de Estados Unidos, le llegó a Miranda años antes, mientras esperaba en un aeropuerto. En uno de esos quioscos que ofrecen libros y revistas dio con Alexander Hamilton, una biografía del mismo, escrita por Ron Chernow. Y el resto es historia. Porque es precisamente eso lo que Miranda intenta recuperar. Historia. Porque Hamilton, para empezar, no era de aquí, sino que nació en el Caribe, en la Isla Nieves. Era, efectivamente, un inmigrante. Para añadir a su condición de desarraigado, su padre abandonó a la familia, y su madre también dejó pronto a Hamilton al morir a los treinta y ocho, obligándolo a que se buscara la vida siendo aún niño.

A los once ya lo vemos trabajando de contable en una tienda de comestibles. Con ayuda monetaria de sus tías, Hamilton logró entrar en Kings College, la actual Universidad de Columbia en Nueva York. Unos años más tarde, en concreto 1776, se instala en el terreno militar como Capitán de la Compañía Provincial de la artillería de Nueva York, posición que, probablemente, le catapultara a convertirse en la mano derecha del general George Washington.

No se sabe si por su condición de inmigrante, por su baja extracción social de la que muchos de la luminarias del momento, Adams, Jefferson, Madison y su propio ejecutor, Aaron Burr, (Hamilton murió en un duelo), se burlaban, o, tal vez por desidia, que la importancia de Hamilton se ha desdeñado. Este hombre cuya genialidad rayaba con lo increíble, era un magnífico escritor, sus Papeles Federalistas dan buena fe de ello, pensador, economista, estadista, ducho en varias lenguas, en fin, un perfecto humanista, se las vio y deseó para hacer que su visión se tomara en cuenta. Y no era de extrañar con los pesos pesados con los que tuvo que vérselas, especialmente Jefferson, extraordinario estadista, terrateniente, propietario de esclavos, y defensor de limitar el poder central para otorgárselo a los gobiernos locales y estatales.

Para retratar la azarosa vida de Hamilton, Miranda se ha valido de un elenco de actores de color. Desde el propio Hamilton, pasando por su ejecutor, Burr, George Washington, Thomas Jefferson, Angelica Schuyler Church, cuñada de Hamilton, James Madison y el Marqués De La Fayette. Con esta subversión no cabe duda de que Miranda se ha propuesto no solo dar un bocinazo contra los horrores de la intransigencia, sino también dar alas, aunque solo sea de manera ficticia, a inmigrantes y minorías. Hamilton a todas luces es una obra de emergencia para los tiempos que corren. Por cierto que Dick Cheney, Obama y los Clinton ya han visto la obra. Y Trump, ¿tendrá pensado pasarse? Quizás su anuncio del miércoles lo dictamine.

Y a ustedes, ¿qué les parece que los Padres fundadores muevan el esqueleto? ¿Y que, con la elección de actores afroamericanos y latinos, se haya dado alas a las minorías? ¿Les parece que esta decisión es racista?

sábado, 27 de agosto de 2016

Jared Taylor, ¿disgustado? No tan deprisa, amigo.

Menudo disgusto se habrá llevado Jared Taylor (ver post del 22 de agosto) cuando se haya enterado de que Trump ha dado marcha atrás en su política de deportación masiva. Hace tan solo unos días que su esperanza y la de otros muchos, Stephen Bannon, el nuevo jefe de campaña tomaba posesión, un blanquista acérrimo, y ahora esto. Y todo por que Bannon habrá obligado al candidato a que echara cuentas, y las cuentas, claro, salían turbias. 


La diáspora masiva de once millones de personas, según un estudio de American Action Forum, una organización conservadora sin ánimo de lucro dirigida por Douglas Holtz-Eakin, antiguo consejero en política económica de McCain, le costaría al país entre 420 y 619 millones de dólares, eso, sin contar las cuotas de mantenimiento para prevenir las nuevas tentativas de los inmigrantes: transporte, deportación, servicios jurídicos, aduaneros, etc., a las que habría que añadir otro billón de pérdidas que afectaría al PIB.

Y no es que Trump se haya apretado el cinto por devoción. Bannon le ha hecho ver la luz. Con esta medida solo así podrá hacerse más atractivo en su carrera presidencial. Este aparente reblandecimiento seguramente le garantice recuperar parte de un sector entre las filas políticas del propio partido republicano. Y no solo eso. Quizás su reunión de esta semana con el Consejo consultivo nacional de asuntos hispanos tenga algo que ver con su anuncio, aunque uno de sus miembros, Jacob Monty, representante de Texas, opine que la visión hispana en lo referente al muro esté unificada y que todos los hispanos quieran el muro porque el muro los protege. Con esta marcha atrás Trump también puede que consiga arrebatar votos centristas a Clinton, especialmente el femenino. 

Finalmente, a su feudo tradicional, el obrero blanco, aunque decepcionado con su ¿retractación?, aún alberga esperanzas de que se produzca lo contrario, lo tiene atado y bien atado, pues, a falta de políticas más radicales, ¿a dónde iban a ir? El ardor de la promesa de que, si llega al poder Trump mantendrá su plan original, de que se dará cuenta de su craso error y, entonces sí, construirá el añorado muro que, por supuesto, ladrillo a ladrillo les cobrará a los mexicanos, los consume. Y la esperanza, a veces, escucha. 

Y a ustedes, ¿qué les parece¿Creen que si Trump llega a la presidencia, levantará el muro?

viernes, 26 de agosto de 2016

Kit de inglés 5: How sick are you?

Siguiendo la estela a los surfistas y los skaters hoy traigo otra palabra que comenzó en estas comunidades y cuyo uso parece remontarse a la década de los 80. La palabra en cuestión es sick (sik).

Literalmente significa enfermo pero en el inglés americano coloquial es una mezcla que combina la sorpresa con lo magnífico, sensacional o increíble. Si visitáis el kit de inglés 4, ahí veréis que lo que se mezcla, no es ni más ni menos que algo impactante con awesome, tras presenciar algo cool (ver el kit de inglés 3). Si bien cool y sick parecen sinónimos, existe una pequeña diferencia. Sick se usa para describir acciones que tienen resultados más extremos e impactantes. Por ejemplo, tirarse sin paracaídas al vacío es sick, no cool.

Aquí van unos ejemplos. 

That is sick (literalmente eso es enfermizo).
You're sick  (literalmente estás enfermo).
Mary is sick (literalmente Mary está enferma, aunque seguramente quiera decir un poco loca).

How sick are you? 

miércoles, 24 de agosto de 2016

De La Habana viene un barco cargado de...

Seguramente, a los españoles que tienen la suerte de veranear en las costas, la idea de trabajar durante su periodo vacacional no se les pase por la imaginación, a menos que una insolación u otro tipo de exceso les haya tocado la consciencia.

Pero ese no es el caso para el diligente americano que cualquier ocasión, el verano no iba a ser menos, le basta para sacarse unas perrillas. Eso sí, toda ganancia implica una inversión inicial que, nuestros personajes, no tienen reparos en abordar. No sé si en su bolsa de viaje habrán metido toalla, protector solar y bañador, pero lo que sí sé es que muchos vienen equipados con extras: me estoy refiriendo a detectores de metales.

A estos modernos buscadores de tesoros normalmente se les puede ver escaneando la arena de la playa, bien antes de que despunte el sol o al atardecer, recorriendo con su vara de zahorí largos trechos. Además del detector de metales, si son verdaderos profesionales de la materia, se cubrirán los oídos con auriculares, un amplificador de la señal, al tiempo que reductor de molestias acústicas y de mirones y curiosos. También, en la mano que les quede libre, si se toman la detección en serio, llevarán una especie de pala colador, a poder ser de acero inoxidable, que les permitirá recoger el botín.

Es cierto que los jubilados son los que tienen más tiempo y dinero en sus manos para subvencionar esta afición, aunque también se ven expertos más jóvenes peinando las costas y adentrándose en las aguas. Según parece, los tesoros más preciados se encuentran ahí, entre el tobillo y el pecho. La culpa, por lo visto, de que haya proliferado tanto cazatesoros y de que los mayores tengan que aventurarse al agua es del oro. El precio del metal los ha zambullido.

A veces este interés da resultados, aunque se requiere mucha paciencia y tiempo, pues las latas de cerveza suelen ser los habitantes más comunes de la arena. En Florida, por ejemplo, estos peinadores han encontrado tesoros procedentes de naufragios y, en menor escala, los típicos crucifijos de oro tampoco son inusuales en las costas americanas. Por si acaso deciden hacer de este entretenimiento su segundo o tercer o quizás cuarto trabajo, una advertencia. Las exploraciones en los parques estatales están prohibidas, pero ¿quién dice que no puedan encontrar un tesoro?

Y a ustedes, ¿qué les parece? ¿En época de crisis se lanzarían al agua?

martes, 23 de agosto de 2016

Me presento o no me presento.

Seguramente que, por los medios de comunicación, tendemos a pensar que en las elecciones estadounidenses solo existe sota o caballo, Clinton y Trump: pues no. De hecho, la lista es larga. Siempre y cuando se las apañen para recabar un número de firmas que, sí, lo han adivinado, varía según estado, cortesía jeffersoniana, cualquiera puede presentar su candidatura a la presidencia. Así, tenemos a Joseph "Joe Exotic" Maldonado, el cual se autodefine como un hombre común para todos, o a Brian Briggs, amante de la música, nos confiesa, o a Samm Tittle, ciudadana, emprendedora y defensora del mismo trato para todos. Sin ir más lejos, en mi post del 10 de agosto mencioné el salto de un nuevo candidato, Evan McMullin, a la arena política.

Pero siempre se puede hacer el más difícil todavía, admitiendo candidaturas espontáneas. ¿Sabían que en las papeletas, si no aparece el nombre del candidato que queremos que nos represente, podemos incluirlo? Bastará con escribir su nombre y apellido (en Estados Unidos solo se lleva uno). Por supuesto, la normativa que regula la inclusión espontánea de un candidato difiere de estado a estado, y solo cuarenta y tres permiten esta modalidad, pero aún así, una candidatura escrita, respaldada en las elecciones, técnicamente podría ganar unas elecciones.

Con esta mano ancha hay algunos que se toman el proceso electoral en plan jocoso, añadiendo nombres de superhéroes o de otros guerreros de carne y hueso como Chuck Norris a la papeleta. Nuestro odiado vecino también puede ir en el lote. En el estado de Georgia, por ejemplo, se recogieron unos 4000 votos proponiendo a Charles Darwin como candidato.

Pero también existen partidos más potentes, manzanas de la discordia, a los que los grandes suelen achacar su derrota. Parece que esa es la cruz que lleva a cuestas el Partido Verde desde las disputadas elecciones del 2000 y que dieron la victoria a Bush por un escaso margen. A Ralph Nader, el representante de los Verdes por aquel entonces, se le señaló como el culpable de aquella hecatombe. 

Hoy, la imputada es Jill Stein, la portavoz de dicho partido. Y todo apunta a que los republicanos la adoran. No creo que sea por su impresionante currículum. Doctora especialista en medicina interna, estudió en Harvard, dejó aparcada la medicina para dedicarse a la política tras veinticinco años de práctica. Desencantada con la decisión demócrata del estado de Massachusetts, estado en el que operaba ella, de desestimar la Clean Elections Law (Ley de Transparencia en las Elecciones), por la que se pretendía reducir el poder de las subvenciones procedentes de potentados, Stein decidió marcharse. No fue hasta las elecciones del 2012 cuando se presentó como candidata repitiendo en el 2016. 

Tampoco creo que la pasión republicana se deba a sus visiones sobre el cambio climático, más cercanas, quiero suponer, a las de los demócratas que a las del Viejo Gran Partido (al Partido Republicano también se lo conoce por las siglas GOP, Grand Old Party). Seguro que tampoco es porque el copiloto de Stein, Ajamu Baraka, defensor de los derechos humanos, con inclinaciones izquierdistas y, en cierta manera, muy Trump, ni tiene pelos ni se muerde la lengua, les vuelva locos. Qué puede ser entonces. Estrategia. Parece que, algunos de los republicanos que no comulgan con los designios autorizados, van a votar por Stein, en un nuevo intento por dividir el voto demócrata. Hay que tener en cuenta que, para un partido de exiguos recursos, la financiación estatal para permanecer en la carrera presidencial es vital. Un 5% de los votos garantizarían su presencia en las elecciones del 2020, y, quizás, en la espera, germinaría el embrión de un nuevo candidato republicano capaz de recuperar a esos disidentes. Stein, por supuesto, es consciente de ello, pero no le importa llevar la cruz si con ello consigue asegurar la representación de sus ideales.

Aunque, pensándolo bien y visto lo visto, lo mismo era capaz de apañárselas con el boca a boca, ¿no les parece? Y ustedes, ¿permitirían las candidaturas espontáneas?       

lunes, 22 de agosto de 2016

¿Demasiado, incluso para él?

Jared Taylor siente que se le ha quitado un peso de encima porque Trump ha vuelto al redil. ¿Y quién es Jared Taylor? se preguntarán. Pues es uno de los paladines más destacados del nacionalismo blanco en Estados Unidos. Y lo defiende con frecuentes conferencias y a través de su revista American Renaissance.

El motivo de la algarabía: Stephen Bannon, otro peso pesado del nacionalismo blanco, se acaba de convertir en el tercer jefe de campaña de Trump. Y de imagen Bannon sabe mucho porque se mueve en el mundo de los medios de comunicación. Además de ser el presentador de un programa de radio por satélite en la emisora Sirius XM, también ha hecho incursiones en el mundo del cine como director de cortometrajes y, más frecuentemente, como productor ejecutivo en Hollywood.

Para Taylor este nombramiento supone una sabia maniobra para recuperar el voto de la población blanca que, de votar en masa por Trump, probablemente podrían dar al traste con las aspiraciones demócratas. Apenas hace unos días que Trump lanzaba su no tenéis nada que perder a la población de color y ahora el cambiazo. ¿No habrá caído en la cuenta de que esta inestabilidad produce mareos, y que su credibilidad puede verse afectada?

De momento parece que la estrategia populista y comercial del nuevo jefe de campaña, alejar a Trump del comportamiento republicano tradicional, (a los miembros de este partido Bannon los considera unos aburridos de tomo y lomo), para regresar a su antiguo yo, el verdadero, es la que lo tiene seducido. La cuestión es saber si se cansará de ella o le dejará hacer.

viernes, 19 de agosto de 2016

Kit de inglés 4: That's awesome, man.

Esta semana continuamos con las palabras o expresiones coloquiales del inglés americano que tienen buenas vibraciones. Hoy le toca el turno a la palabra awesome, un equivalente a nuestro estupendo o genial. Para los que no sabéis nada de inglés, siempre intento daros una pronunciación aproximada de la palabra o expresión de la semana. Aquí os la dejo: ósom. Para los que tenéis nociones, siempre podéis encontrar la transcripción fonética en línea. Por ejemplo, en esta página podéis consultar, además de oír, cómo se pronuncia en inglés americano. 

Aunque el uso coloquial de esta palabra comenzó a extenderse a finales de la década de los 70, el best seller Official Preppy Handbook consolidaría su uso en 1980, su origen se remonta a 1598, cuando se registró por primera vez en el Oxford English Dictionary. Por aquel entonces awesome tenía un aspecto religioso basado en el sobrecogimiento y el temor a Dios. Así que, si alguien del siglo diecinueve hubiera utilizado esta palabra, probablemente lo que quería decir es que la contemplación de cierto objeto u idea le producía pavor.

Los tiempos han cambiado, también para los británicos, que están aparcando su brilliant por el awesome americano para indicar que algo es magnífico, sensacional o increíble.  Pizza is awesome, the weather is awesome, the movie is awesome, you're awesome, man.

Como vemos, el optimismo de los americanos es inagotable. Y también awesome, claro está. Por cierto, que si pensamos que awesome nos queda pelín corto, podemos poner la guinda con un super awesome, y listos.

Awesome, ¿no os parece?

miércoles, 17 de agosto de 2016

Brfxxccxxmnpcccclllmmnprxvclmnckssqlbb11116 igual a Albin

Lo admito: tal vez me falte imaginación o quizás sea demasiado conservadora a la hora de elegir nombre para un bebé, pero, si tuviera que elegir uno, Lechuga, Vagina o Correos no serían parte de mi repertorio. Los motivos creo que son fáciles de imaginar.

La decisión del director general de los Registros y del Notariado de Fuenlabrada (Madrid) de aceptar Lobo como nombre para un recién nacido me ha hecho sonreír, primeramente, por cercanía, hace años que mi esposo cambió el nombre, y segundo, porque creo que han predominado la lógica y el buen tino.

En Estados Unidos la negativa a conceder a los padres la prerrogativa de llamar a sus hijos como gusten, es prácticamente inaudita. De hecho, en 2009, un matrimonio del estado de Nuevo Jersey, saltó a los periódicos gracias a una tarta de cumpleaños. Cuando a la petición de qué nombre le ponemos (a la tarta, claro), la respuesta fue un Adolf Hitler Campbell, los ojos del pastelero hicieron chiribitas.

De nada valieron los esfuerzos del panadero ni los de otros sorprendidos para despojar al infante del ofensivo apelativo y sacudirse el asco y estupor de encima. Siempre y cuando el nombre no fuera obsceno o contuviera numerales o símbolos no existía ilegalidad, determinaron las autoridades. Así que tanto el pequeño Adolf Hitler Campbell como sus hermanitas JoyceLynne Aryan Nation Campbell y Honszlynn Jeannie Campbell, que se sepa hasta la fecha, retuvieron su identidad.

Acogiéndose a la cláusula del "debido proceso" de la Quinta Enmienda por la que "el gobierno no puede iniciar acciones penales contra una persona por una conducta que afecta ciertos derechos fundamentales", siendo la libertad de expresión, uno de ellos, papá Campbell consiguió que su derecho prevaleciera. Es cierto que, un año más tarde, la familia perdió la custodia de los hijos por causas desconocidas.

Más cerca aún, el 2013, en el estado de Tennessee, Lu Ann Ballew desestimó la petición de que un bebé fuera llamado "Messiah" (Mesías) ordenando que el nombre se cambiara a Martin. La razón de la magistrada: solo había una persona que se hubiera ganado ese título. Jesucristo. La orden le costó el puesto.

En Estados Unidos, la libertad de llamar a la persona lo que los padres decidan no es nueva. Ya en los censos del siglo dieciocho y diecinueve se recogen nombres tales como King's Judgement, (Juicio del rey), Noble Fall (Noble caída) o Cholera Plague (Epidemia de cólera). La capacidad para dirimir lo que es adecuado y lo que no como siempre recae en cada estado. Pero lo que es común a todos ellos es su afán por no tropezar con el derecho fundamental de la libertad de expresión. Sus regulaciones normalmente son de corte tipográfico, decisión que me parece, está basada en razones económicas, ya que la actualización de un software adecuado supondría un enorme desembolso. Así, por ejemplo, en California, el umlaut y las tildes no están permitidos. En Texas los números romanos se permiten como sufijos, por ejemplo Pijo III sería correcto, no así Pijo 3, mientras que New Hampshire prohíbe todos los signos de puntuación con la excepción de apóstrofos y guiones. Vermont parece despuntar con su liberalidad aceptando marcas registradas, por ejemplo Apple, enfermedades como ántrax, y todo tipo de obscenidades, aunque desaconseja esta última opción.

En un país donde conviven tantas culturas y donde prima la exaltación de la individualidad, a veces, como se ve, a golpe de excentricidades, no es de extrañar que los padres quieran resaltar la personalidad y la unicidad de sus vástagos. Y los estados han recogido esta voluntad a la perfección, pues, al fin y al cabo, su voz, es la suya.

Pero, los hijos, ¿deben pagar por el narcisismo de los padres? ¿Están condenados a soportar las burlas? ¿Y el acoso escolar? Los americanos son fervientes seguidores de la creencia nietzscheana de que si no te mata, te hace más fuerte, perpetuando así este entrenamiento en las generaciones futuras. Y parece que las investigaciones no los desmienten. Por lo visto, solo en contadas ocasiones, cuando al nombre se le puede poner cara y, por tanto, personalidad, existen más posibilidades de que se vuelva contra el portador y contra su azote, la sociedad.

Con la nomenclatura, a mi entender, se da a las sociedades una oportunidad para demostrar su entereza, tolerancia y capacidad para aguantar las trastadas de los donantes, su inconsciencia e incluso su rabia, una rabia que, en caso de tapiarse, tal vez pudiera encontrar alojamiento en violencia. El caso americano puede parecer extremo, pero, quizás ese extremismo, ese a mí qué, es lo que ha favorecido que les siga el éxito. Quizás no vendría mal importar una dosis, sana y siempre bien entendida, claro está, de ese a mí qué, ¿no les parece?

martes, 16 de agosto de 2016

Los pilares del ojo clínico

Hace unos años, cuando aún vivía en Ohio, tuve la gran suerte de toparme con la obra de un autor desconocido para mí y, por lo que supe después, también para muchos estadounidenses, y eso que el artista en cuestión fue extremadamente prolífico (se le atribuye la creación de una obra cada dos semanas) además de disfrutar una vida longeva (falleció con casi 102 años).

Recuerdo que en la calle caía una de esas nevadas que solo he visto caer en la zona de los Grandes Lagos, una de esas que te obliga a recluirte en casa por miedo a aventurarte al frío pasmoso y a la ventisca, que hace la conducción, una locura. A la reclusión debo entonces que diera con Viktor Schreckengost.

Nacido en un pueblo de Ohio en 1906, a este artista se le ha distinguido con el apelativo del Da Vinci americano. Además de ser un magnífico saxofonista, también poseía una visión innovadora y funcional de los objetos, haciendo que, especialmente, destacara en el diseño industrial, pero también en la escultura, acuarelas, óleos y dibujos. A él se le atribuye transformar el diseño de la bicicleta, sobre todo los pedales, diseñar cortacéspedes que no se llevaran los dedos de los pies por delante, el diseño del primer camión con cabina avanzada o sobre motor, el diseño de sistemas de reconocimiento con radar durante la Segunda Guerra Mundial, además de prótesis y equipos de reconocimiento de voz durante el periodo bélico, o de diseñar vistosas vajillas a precios asequibles. El artista firmemente creía que no había razón alguna por la que el arte y la producción en masa tuvieran que estar reñidos. Sus Jazz Bowls, considerados iconos del art déco, aparecen entre sus más afamadas piezas, quizás porque su primera propietaria fuera Eleanor Roosevelt, esposa y pariente lejana del conocido presidente.

Por supuesto que la calidad y originalidad de sus obras eran su mejor tarjeta de visita, que él sabía adornar con un carisma y habilidad natural para los negocios que facilitaban su difusión. Sin perder de vista el cómo se hace, cuánto cuesta, funciona bien, es difícil de usar, resulta atractivo, mejora la vida de la persona que va a usar la pieza, y finalmente, cuáles son los puntos fuertes que la hacen comercial, Schreckengost labró su espíritu inquisitivo y creador. Un ejemplo de dedicación y visión. ¿Ojo clínico, tal vez?

lunes, 15 de agosto de 2016

Los políticos, ¿tienen mascotas?


De los insultos muchas veces aflora el ingenio. Eso es lo que sucedió gracias a las elecciones presidenciales de 1828. Los opositores del candidato demócrata, Andrew Jackson, asqueados con su eslógan Let the People Rule (Dejemos que gobierne el pueblo), aprovecharon la ocasión para tildarlo de imbécil, distinción que, en su traducción originaria, (jackass), se escoge al burro como encarnación de la estupidez. Jackson adoptó la imagen del animal en lo que le restaba de campaña.

La identificación de la testarudez del partido demócrata con este animal aparece gráficamente en una tira cómica de 1837, donde se ve a Jackson tirando de un burro que se niega a moverse, en alusión a la negativa del cuerpo democrático a seguir las directrices de Jackson. Décadas más tarde, en concreto 1864, aparecía su complemento republicano: un elefante. Pero fue el ilustrador político Thomas Nast, el que, años más tarde, consolidaría la pareja política.

Nacido en Alemania, a Nast se le consideraba el látigo de los demócratas, aunque también fue extremadamente crítico con las posiciones republicanas. De hecho, a su pluma se debe que Grover Cleveland, el candidato demócrata, saliera elegido en 1884, después de casi treinta años de mandato republicano.

La tira que inauguró esta relación asno-elefante salió en 1874 en la revista Harper's Weekly. La escena, titulada Third Term Panic (Pánico del tercer trimestre), es pretendidamente bucólica. El burro va disfrazado con una piel de león, asustando a los animales del bosque, que, a su paso, huyen despavoridos. También el elefante está desorientado, a punto de caer en un hoyo etiquetado como inflación y caos. Para que el lector sepa quién es quién en todo momento, Nast marca la piel del burro con un Caesarism (Cesarismo) y la del elefante con un Republican Vote (Voto republicano).


Ni que decir tiene que la visión que tiene Nast del burro es inferior a la del elefante, al que casi ve como una víctima del atolondramiento y estulticia del asno. Si al burro lo ve torpe y obstinado hasta la perdición, al elefante lo ve íntegro y cabal. Si, con el burro intenta llamar la atención sobre sus humildes orígenes, con el elefante busca evocar realeza y elegancia. Si, con la aparente delgadez del burro pretendía rememorar periodos de escasez apenas olvidados, la sombra de la Guerra de Secesión aún no se había desvanecido, con el elefante clama fortaleza y poder, siempre aptos para el combate.

No es raro que, con esta saca de virtudes, los republicanos se dieran prisa en hacerlas suyas, adoptando al paquidermo como su símbolo, mientras que los demócratas no quieran ver ni en pintura al équido que les ha tocado en gracia.

Curiosidad: la mascota de los libertarios es un roedor: el puercoespín.

Y ustedes, ¿con qué se quedarían? ¿Tal vez con ninguno? ¿Creen que los grupos políticos deberían tener mascotas?

viernes, 12 de agosto de 2016

Kit de inglés 3: How cool are you?

Para la clase de inglés hoy traigo la palabra cool. Su pronunciación no resulta costosa: kul. 

Esta palabra tiene muchísimos usos. Por ejemplo, cuando nos referimos a la temperatura y queremos indicar que hace fresco o que el café está templado, usamos cool. Cool también se utiliza para indicar indiferencia o una actitud calmada y controlada. 

Veamos unos ejemplos.

It's cool in here. (Aquí hace fresco).
The coffee is cool. (El café está templado).

He gave me a cool greeting. (Me recibió con indiferencia).
She was cool about it. (Lo aceptó sin aspavientos). 

Sin embargo, hay otro uso de cool extremadamente común en inglés americano. Este coloquialismo se utiliza para indicar que alguien está de acuerdo con algo o que algo o alguien nos parece fantástico. 

Pongamos que, al acabar una fiesta, una amiga nos pregunta qué nos ha parecido su novio. Si nos gustó o no queremos hacer daño a nuestra amiga lo más normal es que respondamos: He seemed like a cool guy! (Me pareció majo o parecía simpático).

Pongamos que la semana siguiente es el cumpleaños de tu amiga y piensa dar otra fiesta. Tu amiga te envía un mensa para comunicártelo.

I'm throwing a party next week for my birthday. Do you want to come? (Voy a dar una fiesta de cumpleaños la semana que viene. ¿Quieres venir?)

Cool! I'd love to! (Genial. Me encantaría).

El uso de cool para indicar aprobación con unas gotas de sofisticación y admiración parece que se remonta a finales del siglo XIX, atribuyéndose su origen a la comunidad de color. La prestigiosa escritora Zora Neale Hurston utilizó esta acepción en un relato que escribió a principios de los años 30. Pero parece que, fue a finales de la siguiente década, cuando su significado cobró más ímpetu, especialmente en los círculos jazzísticos, gracias, sobre todo, a los esfuerzos de un hombre: el saxofonista Lester Young. Y, por lo visto, también a él se debe la revitalización de otras expresiones.

Stay cool. 

jueves, 11 de agosto de 2016

¿Cuántos kilómetros le pongo?

Siempre que viajo por la autovía y veo un cartel a pie de arcén exhortando a los conductores a que adopten una autopista, me acuerdo de un episodio de Seinfeld, la famosa serie televisiva de los 90. Al volante, Kramer, el alocado vecino de Jerry, atropella una máquina de coser, hecho que le hará pensar en el ruinoso estado en el que se encuentra la red de carreteras americanas. Por ello, adopta una milla de la Arthur Burkhardt Expressway.

Y, aunque, efectivamente, se trata de una parodia, la adopción de una carretera no es una invención televisiva, sino que es otra fuente de ingresos para los gobiernos estatales. Ya que las pancartas anunciadoras de carácter comercial están prohibidas en las autovías, sobre todo por razones de seguridad vial, los estados se vieron obligados a buscar otros medios de financiación.

Texas fue la primera en dar con los huevos de oro. James Evans, un ingeniero que precisamente trabajaba para el Texas Department of Transportation (Departamento de Transporte de Texas), siguiendo un camión cargado de escombros, se percató de que volaban de la caja transportadora. Consciente del costo que supondría la limpieza, lo puso en conocimiento de las autoridades pertinentes, y, aunque su sugerencia no cayó en saco roto, pasaron unos meses antes de que se pusiera en marcha, un 9 de marzo de 1985.  Ni que decir tiene que, esta fecha, lleva el honor de ser el Día Internacional del "Adopta una autovía" (International Adopt-a-Highway Day). Sus efectos no solo se dejaron notar en los Estados Unidos. También otros países como Puerto Rico, Canadá, Nueva Zelanda, Australia o Japón han adoptado este programa.

En algunos estados, como Nevada, el programa cuenta con dos versiones: bien se puede adoptar o se puede patrocinar una autovía. La diferencia reside en el personal que realice las tareas de limpieza. Si la cuadrilla es de voluntarios, se considera adopción, mientras que si la compañía u institución contrata los servicios de un tercero, se contempla como patrocinio.

El funcionamiento varía de estado a estado, pero, básicamente, es el siguiente. Por una cuota que suele oscilar entre los 200 y los 900 dólares mensuales, (aunque en Carolina del Norte, por ejemplo, no se requiere pago), un grupo de voluntarios de cualquier organización, como el Ku Klux Klan, puede reclamar "limpieza de área". En Pittsburgh un club de alterne apadrinó un tramo. Y, por si acaso surge la pregunta, las encueratrices no formaban parte del cuerpo de voluntarios. Los empresarios, ya sea a pequeña o gran escala, también participan del plan. Y como dicen en Estados Unidos, aquí todos ganan. Y efectivamente es así. Por un lado los gobiernos estatales han encontrado una vía alternativa para dar un alivio fiscal al contribuyente, además de asegurarse una entrada de ingresos. Para los empresarios supone un ahorro importante. Las pancartas anunciadoras suelen estar al orden de los 7000-14000 dólares mensuales. Y a los voluntarios, saber que están contribuyendo a una buena labor, les deja no solo con buen sabor de boca sino con una figura más estilizada, dinero, que, de otro modo, a lo mejor hubieran tenido que emplear en gimnasios.

Normalmente se adoptan tramos de una o dos millas, una de ida y otra de vuelta, aunque hay zonas huérfanas. Esto se debe a motivos de seguridad y siniestralidad en determinados puntos negros. También se anima a las cuadrillas a que trabajen de noche y en las horas de menor afluencia de tráfico, de hecho, los días festivos, las tareas de limpieza están prohibidas.

El premio. Una placa en la que aparece el nombre de la institución que ha adoptado o patrocinado el programa. Las direcciones de páginas web, números de teléfono o eslóganes no están permitidos. Esto, y saber que se han ahorrado un euro y que han contribuido a una labor social. ¿No les parece que todos ganan?

miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Quién es el nuevo?

No sé si Donald Trump lo había visto venir, pero ya está aquí. Una candidatura independiente de la derecha. Incapaces de aguantar por más tiempo su volatilidad, fácilmente inflamable, la derecha se ha lanzado a la piscina con Evan McMullin. El candidato es muy joven, de hecho, si saliera, sería el presidente más joven en la historia de Estados Unidos. Nacido en Provo, Utah, en el seno de una familia acomodada, estudió Derecho y Diplomacia en Brigham Young University, universidad que pertenece a la iglesia mormona, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Además de la carrera de Derecho y Diplomacia, McMullin posee un máster en Administración de Empresas por la prestigiosa Wharton School. Fue misionero mormón en Brasil y voluntario en Jordania a través de las Naciones Unidas. A nivel profesional, McMullin cuenta con amplia experiencia en política exterior, trabajó para la CIA, y se le considera un experto en Siria. McMullin tampoco es un novato en las campañas electorales. En las elecciones del 2012 trabajó para Mitt Romney. Romney, aunque no nació en Utah, también comparte alma mater e iglesia con el actual candidato.

En su breve campaña McMullin ha calificado a Trump de "inhumano" y "fraude", arremetiendo de paso contra el candidato libertario Gary Johnson, al que ha acusado de "no comprender lo que es la libertad de credo" además de tener una adicción a algún tipo de sustancia. La respuesta de Trump fue intentar desanimar al candidato colgando el tuit "pérdida de dinero y tiempo".

McMullin admite que su objetivo es el electorado de centro derecha, al que, seguramente, considere más receptivo a su mensaje, y, por qué no admitirlo, quizás más erudito y templado. No cabe duda de que Trump ha debido ver una amenaza en la mesura y preparación del contrincante. A día de hoy, las encuestas señalan que un 44% de los votantes republicanos registrados quieren que Trump abandone la carrera a la Casa Blanca. O lo que es lo mismo, 1 de cada 5 quiere que se vaya. De hecho, numerosas personalidades de la esfera republicana han anunciado que votarán a Clinton y la lista no deja de crecer. Es ahí, sin duda, donde McMullin intentará la conquista: entre los que reconocen que Trump es incapaz de mantener una América unida.

Los mayores problemas a los que McMullin se enfrenta, curiosamente, los tiene en casa. Para empezar está soltero y un presidente que no sea capaz o no tenga intención de llenar la Casa Blanca de ruidos infantiles y, si puede ser con mascota, se mira con pena y hasta repulsión. Igualmente cumple el criterio de religiosidad. Sin embargo, a algunos miembros de la población parece que la palabra mormón aún les chirría. Incluso los hay que no consideran el mormonismo una fe cristiana. La asociación con la poligamia, práctica que la Iglesia mormona ha rechazado, es su perenne sombra. En algunos foros ya he visto la pregunta perversa, la obvia. ¿Cuántas primeras damas habrá? De momento, ninguna.

martes, 9 de agosto de 2016

¿Quién hay detrás de la velocidad?

Hace unos días Verizon adquirió Yahoo. El año pasado también compró AOL. Verizon es el mayor operador de telefonía móvil en Estados Unidos con aproximadamente unos ochenta millones de usuarios, siendo AT&T Mobility y Comcast, sus competidores más cercanos. Yahoo, por su parte, es el portal de Internet más antiguo aunque no más usado, pues, como bien sabemos, ese título lo ostenta Google.

Con la compra Verizon ha adquirido algo valiosísimo: datos. Esos maravillosos seres que proporcionan a las empresas información sobre los hábitos de consumo de la población. Pero, lógicamante, la entrada a este club de élite resulta muy costosa. Justamente 4.8 billones de dólares es lo que ha pagado Verizon, o mejor dicho, los clientes de dicha empresa, por saber cuáles son los hábitos consumistas de sus conciudadanos.

Verizon, al ser la compañía más demandada, mantiene prácticamente un monopolio que favorece que sus precios sean elevados. No soy cliente de Verizon, y no es que no haya intentado abducirme para su causa. Que recuerde, la compañía nos habrá mandado al menos a cuatro encuestadores, por no mencionar el bombardeo postal semanal que publicita su plan Fios, un paquete que ofrece Internet y televisión. Los precios varían dependiendo de la velocidad que quiera adquirirse. Lo que sí es cierto es que estos precios, en oferta el primer año de suscripción, por cierto, nada asequibles, recaerán en los clientes, al menos hasta que se salde la deuda. Aunque, una vez que están, ¿por qué no dejarlos? Al fin y al cabo la competencia apenas existe y los usuarios demandan, quieren la dichosa velocidad. Ella es, sin duda, la nueva reina de la pista. Y, por lo que parece, todos quieren sacarla a bailar. Pero, la muy ladina, como sabe que la buscan, rechaza al que no le pueda costear sus preciosas exigencias. A los que tienen menos, claro está, ni los mira. A tirar de cable que ella es de fibra óptica y muy sensible, pero, sobre todo, corre que se las pela.

Yo soy de las que se apañan con cable y contenta de la vida. Apenas noto estas diferencias con las que los grandes monstruos intentan aturdirnos. La única diferencia está en el bolsillo. Y agradecida.

lunes, 8 de agosto de 2016

Caerse de feo

Grant Wood. Autorretrato
Con American Gothic (1930) (Gótico americano) de Grant Wood me pasa algo parecido que con los Hummer. No soy capaz de decidir si son bonitos o no.

Este cuadro tiene su residencia permanente en el Art Institute de Chicago y está considerado como una obra maestra de la pintura estadounidense. El autor desgraciadamente tuvo una vida abreviada. Nacido en 1891 en Iowa, pasó varios años en Francia, Italia y Alemania, estudiando, entre otros, a Brueghel el Viejo, Jan van Eyck y Hans Memling, clásicos flamígeros del siglo XV y XVI, o a los italianos Giotto y Piero della Francesca, o a los impresionistas y postimpresionistas franceses, como Cézanne o Seurat.

Tras una pobre acogida de su obra en París en 1926, Wood decidió poner punto y final a su aventura europea, y, aunque en 1928 regresaría a Alemania para ayudar en la elaboración de unas vidrieras en el estudio Emil Frei, su época bohemia ya había quedado casi en el olvido. Fue precisamente, al regresar de Alemania, cuando, una imagen, el bordado en el mandil de su madre, le hizo darse cuenta. Se había pasado la mitad de su vida buscando la respuesta en el extranjero cuando la tenía en Iowa.

A ese gusto por lo mundano en el Medio Oeste rural, alimentado bajo la terrible escasez de la Gran Depresión, y por la apreciación del día a día de sus gentes, ha venido a llamarse American Regionalism, regionalismo americano, un movimiento en el que también participaron otros autores. Thomas Hart Benton (1889-1975) y John Stewart Curry (1897-1946) son los otros dos grandes en esta tríada.

Dos personajes, una mujer de treinta y dos años y un hombre que prácticamente le dobla la edad, son los protagonistas de American Gothic. Ella es rubia y cuellilarga. Está firme y seria, casi que se la nota incómoda. Lleva un camafeo, pertenece a su madre, Grant se lo regaló a Hattie, así se llama la madre. Nan, la hermana, también lleva el mandil de la madre. Grant quería que su madre fuera la modelo, pero dado que la madre tendría que pasar muchas horas de pie, decidió que era mejor que posara su hermana. El hombre tampoco sonríe y tal vez parezca aún más serio que la mujer. En la mano derecha sostiene una horca con tres dientes de hierro. Lleva gafas, y un mono descolorido que cubre con una chaqueta negra abierta. Aunque se conocen, no se miran. Quizás estuvieran pendientes de las instrucciones del artista u ocupados enjuiciándolo o intentando abstraerse de lo absurdo de la situación. El caballero en cuestión es el dentista del pintor, un hombre del que siempre admiró la fuerza de sus manos. De fondo, una casa de labranza de finales de siglo XIX, perteneciente al estilo de lo que se conoce por Carpenter Gothic (gótico del carpintero), con una ventana ojival, de ahí que la obra se haya titulado gótico, tapada con una cortina adquirida en los almacenes Sears, una especie de Corte Inglés.

El hecho de que las cortinas oculten la presencia de lo que está sucediendo en el interior de la casa hace al cuadro desasosegante. La verticalidad de las lineas, pronunciada a través de la horca, la rigidez de los personajes, la tirantez de sus cuellos, el arco apuntado, la pesadez de las ropas, todo, contribuyen a dar una grave solemnidad a la escena, una escena que para repelernos aún más, el autor ha decidido resaltar con la falta de volumen. Las figuras son planas, y es con el color, con lo que Wood nos trae las gradaciones. Es como si un Hummer les hubiera pasado por encima, convirtiéndolos más en personajes de cómic que en seres de carne y hueso.

Pero con todo y con eso Wood quedó tercero en el concurso convocado por la misma institución en la que el cuadro vive perennemente. El Instituto de Arte de Chicago. Aunque, por supuesto, siempre surgen detractores. Parece ser que una mujer encontró su cuadro de muy mal gusto, grotesco y una mofa del mundo rural del Medio Oeste, amenazándolo con morderle una oreja. También existían los puristas, los que aducían que una horca de tres dientes era, simplemente, inadmisible. Cuatro, cuatro era la proporción correcta. Otra crítica a la que el autor tuvo que hacer frente fue a la elección de los modelos. Decidió que la pareja retratada sería un matrimonio. Pero cambió de idea, haciendo que, de marido y mujer, pasaran a ser padre e hija. La disparidad generacional a muchos les había parecido una aberración, de ahí que se viera forzado a cambiar su interpretación, aunque también hay que decir que, en parte, cedió a las presiones de Nan, a la que tampoco le hacía mucha gracia que esta identificación, la de ser esposa de un hombre tan mayor, quedara para la posteridad.

No cabe duda de que Wood, además de crear otras piezas que me chirrían, estoy pensando en la que se conoce como Daughters of the Revolution, (Hijas de la Revolución), tenía talento. Solo hay que fijarse en Vegetable Garden de 1924, The Spotted Man, también de 1924, Death on the Ridge Road de 1935 o Sultry Night de 1937 para atestiguarlo. Esta última, una de mis favoritas, le costó muchos quebraderos de cabeza. En ella aparece un hombre de frente y desnudo, echándose por encima el agua de un cubo. Ni que decir tiene que fue prohibida por considerársela pornográfica. Esto condenó al artista a una etapa de secano. Las desgracias no vienen solas, y esta vez se manifestaron en forma de investigación llevada a cabo por la revista Time, la cual tenía, parece ser, un enorme interés por desvelar los asuntos privados del autor, en concreto su homosexualidad. Con la esperanza de que pudiera dar esquinazo a la opinión pública, se casó con una cantante de ópera para divorciarse años después. Hastiado, ese acoso tal vez lo volvió olvidadizo, dejó declaraciones de Hacienda sin hacer, con la consiguiente persecución del Fisco. Y la guinda, claro estaba. La Universidad de Iowa, sabedora del dato y dudosa de la longevidad del regionalismo americano, le invitó a que dejara su plaza de profesor.

Entonces, una vez reconocido que a Wood le sobraba talento, ¿por qué muchas veces decidía presentarnos personajes y escenas tan planas, tan, admitámoslo, aburridas? Su decisión no deja dudas: Wood, perfecto conocedor de la tierra y de las gentes de Iowa, consideraba la solemnidad del espíritu del Medio Oeste, del American Gothic, aburrida. El dentista, aburrido. Y su hermana, sintiéndolo mucho, también. Su interés no era criticar lo que veía, sino exponerlo con el mayor grado de objetividad posible. Tan estilizada, depurada y transparente dejaba la evidencia, casi que lo convertía en un caso de hiperrealismo, que, de natural, más bien parecía que se mofaba.

Y para la parodia de verdad también reservaba el mismo efecto. No hace falta más que una visita a las Daughters of the Revolution para constatarlo. Solo cuando a Wood realmente le interesaba lo que veía, cuando sentía respeto y dignidad por el objeto o apreciación por el sujeto, lo envolvía con la maravillosa paleta de sus colores o lo abombaba con la sinuosidad de sus imponentes curvas.

Si Nan hubiera sabido que su hermano la consideraba un muermo, lo mismo le hubiera dicho que se pusiera en remojo y que se buscara a otra modelo. ¿No les parece?

viernes, 5 de agosto de 2016

Kit de inglés 2: ¿Surfista o atareado?

Hoy es viernes, así que toca lección de inglés.

La expresión que os traigo, estoy segura de que todos, o la inmensa mayoría, la conocéis. Se trata de You're welcome. Esta frase literalmente significa "Eres bienvenido" y se utiliza como respuesta a Thank you (gracias). La mejor traducción, por tanto, sería "De nada". La pronunciación de You' re welcome sería algo así como iú ar uélcom.

Como en español, en inglés también existen muchas formas para responder. You're welcome es una de ellas. Las expresiones varían según el contexto. Por ejemplo, no es lo mismo hablar con el jefe que con un amigo. Tampoco es lo mismo que tu amigo sea californiano que de Nueva York. O que la brecha generacional entre los participantes sea notable.

Es cierto que, entre los jóvenes, también se utiliza la expresión You're welcome, pero parece que está teñida de un barniz de sarcasmo. La usan con carácter reprobatorio e indica que el comportamiento de la persona con la que se comunicaban es censurable. En su lugar prefieren expresiones como No problem (literalmente "No hay problema") o No worries que podríamos traducir por "No hay preocupaciones". No problem equivaldría a nuestro "Sin problema", mientras que la segunda me recuerda más a nuestro "tranquilo". La pronunciación de No problem es muy parecida a la del español, solo tenemos que quitarle la -a final a problema y listos. Nóu próblem. No worries es un poco más complicada. Es algo así como Nóu güéris. 

Parece ser que también existen preferencias en el uso de estas dos expresiones. Los de la zona este se inclinan más por el No problem, mientras que los de la costa pacífica prefieren el No worries. Por lo visto No worries recaló en California desde Australia, y lo hizo en la cresta de una ola, ya que es a los surfistas a quienes se les atribuye la incorporación de dicha expresión en el corpus estadounidense.

Y, si se mira bien, estas preferencias no parecen extrañas, ya que reflejan el temperamento de los usuarios. A los de la zona del Pacífico, a los californianos en particular, se tiende a asociarlos con un aire de despreocupación que, seguramente a los neoyorquinos les parezca inconcebible, siempre envueltos en su constante ajetreo.  

Aquí concluye nuestra lección del día. Y no olvidéis que, a menos que queráis que os despidan, al jefe nunca le responderéis con un No problem o No worries.

Y vosotros, ¿sois de los surfistas o de los atareados? 

jueves, 4 de agosto de 2016

Para mi cumpleaños quiero...

Hoy, por ser el cumpleaños del presidente Obama, me gustaría comenzar con una cita suya que, me parece, es un canto a la prudencia y al buen juicio.
America has changed over the years. But these values my grandparents taught me -- they haven't gone anywhere. They're as strong as ever; still cherished by people of every party, every race, every faith. They live on in each of us. What makes us American, what makes us patriots, is what's in here. That's what matters. And that's why we can take the food and music and holidays and styles of other countries, and blend it into something uniquely our own. That's why we can attract strivers and entrepreneurs from around the globe to build new factories and create new industries here. That's why our military can look the way it does -- every shade of humanity, forged into common service. That's why anyone who threatens our values, whether fascists or communists or jihadists or homegrown demagogues, will always fail in the end.
Esta es mi traducción. 
América ha cambiado con el paso del tiempo. Pero estos valores que mis padres me enseñaron no se han perdido. Siguen más fuertes que nunca, aún apreciados por las gentes de todos los partidos, de todas las razas, de todas las creencias. Viven en cada uno de nosotros. Lo que nos hace americanos, lo que nos hace patriotas, es lo que está aquí. Eso es lo que importa. Y es por eso que podemos hacer nuestra la cocina, la música y las fiestas y estilos de otros países, y fundirlos en algo que nos hace únicos. Es por eso que podemos atraer tanto a los que están intentando abrirse paso como a los emprendedores de todo el mundo para levantar fábricas y crear nuevas industrias aquí. Es por eso que a nuestra defensa se la vea como se la ve. Cada tinte de humanidad, al servicio de la comunidad. Es por eso que cualquiera que amenaze nuestros valores, ya sean fascistas o comunistas o jihadistas o demagogos hechos aquí, al final, siempre fracasarán.
Seguramente, de estar vivo, Paul Robeson hubiera apreciado las palabras del presidente. Este hombre, nacido en Princeton, Nuevo Jersey, en 1898, es, lo que podríamos llamar, la encarnación del humanista. Intelectual, estudió abogacía, hablaba, según la biografía de su hijo, veinte idiomas, también era un atleta extraordinario, magnífico cantante, buen actor y excelente orador. Y digo que, seguramente, porque Robeson es otro de esos americanos a los que, injustamente se les ha perseguido, porque, sino lo han adivinado ya, Paul Robeson era afroamericano y, además con coletilla. La fatídica palabra, la innombrable. La gran C, no me refiero al cáncer, aunque la estela de la que hablo también, a estas alturas, se sigue viendo como una enfermedad. Lo han adivinado: comunista.


Por sus simpatías, aunque nunca fue militante del partido comunista, hacia lo que él veía como la defensa de la dignidad y la justicia encarnada en Rusia y la causa republicana, incluso fue a España a dar moral a los combatientes con sus insuperables versiones de Ol' Man River, fue estigmatizado y perseguido, hasta el punto de que, probablemente, el estrés producido por esta situación, fuera el desencadenante de sus problemas de salud.

Por sus estrambóticas exigencias, pedía que se tomaran medidas para acabar con el linchamiento de la población de color, el por aquel entonces presidente Truman no solo lo despidió con gaitas destempladas, sino que además, activó el resorte para que, años más tarde, fuera sometido a la famosa «caza de brujas». Con la retirada del pasaporte, e incapaz de encontrar trabajo en su propio país dada su condición de enemigo, se le condenó a un estado de pobreza del que comenzó a salir con el fin del macartismo.

Happy Birthday, Mr. President.

miércoles, 3 de agosto de 2016

¿Cuesta ser pobre?

Recuerdo un sketch de Louis C.K. en el que, en clave de humor, repasaba lo que es ser pobre.


Ahí contaba que tenía una cuenta bancaria con veinte dólares, era todo su capital, y que, pasado un tiempo, la cuenta, en lugar de devengarle intereses, pasó a tener "menos diez dólares y ahora no es que no tuviera dinero, sino que le quedaba menos que nada", con lo cual no tenía más remedio que buscar diez dólares si quería saldar la deuda contraída y volver al estado de bancarrota primigenio.

Esta circunstancia no es única al ámbito bancario. Su onda expansiva también repercute en las demás áreas del día a día, y, por supuesto, se ceba con los que menos recursos económicos tienen. En inglés existe una palabra para designar esta situación: ghetto tax. Literalmente "el impuesto del gueto". No se trata realmente de un impuesto, aunque las limitaciones a las que están sometidas las personas que las sufren, lo convierten en uno. En sociología hay un fenómeno ligado al ghetto tax que se conoce como "el efecto Mateo" o "ventaja acumulada". Básicamente resume el concepto de que, al que más tiene, más se le da, mientras que al pobre, se le quita.

Este impuesto imaginario tiene una estrecha relación con la falta o presencia de coche. Su posesión garantiza una acción libertadora que permite al consumidor salir en busca de los mejores precios, en lugar de subyugarlo al monopolio de la zona en la que está confinado. Sin coche, el ciudadano está castigado a comprar el pan, la leche, los huevos a unos precios exorbitantes, lo cual le resta recursos para hacer frente a otras necesidades que, igualmente, están por las nubes, haciendo prácticamente imposible que pueda salir de este círculo vicioso.

La vivienda es otra de esas necesidades donde encontramos el ghetto tax. Sobra decir que los inquilinos de los inmuebles no pueden tener un piso o una casa en propiedad con lo que viven de alquiler. Puesto que, como su movilidad está restringida pues carecen de coche y están condenados a vivir en el radio de acción que les permitan sus pies, el transporte público normalmente es abominable en estas áreas, no tienen más remedio que resignarse y agarrarse a lo que puedan. Y los caseros lo saben. Por que no hay competencia pueden poner los precios que consideren oportunos. "El cielo es el límite", dicen los americanos.

Estos caseros son traficantes de desesperación. Es una de las cosas que he descubierto con la lectura de Evicted:Poverty and Profit in the American City (Desahuciado: pobreza y beneficios en la ciudad americana), el último libro de Matthew Desmond. El autor es un profesor de Sociología en Harvard, jovencísimo, no creo que llegue a los cuarenta, ganador de la prestigiosa beca de la MacArthur Foundation.

Con ojo de etnógrafo, el tercero en discordia que trata de pasar desapercibido, aunque a veces, según él, no lo consiguiera, Desmond desmiga el día a día de distintos personajes, casi todos inquilinos, en su mayoría mujeres de color, dolorosamente jóvenes algunas de ellas, cargadas de hijos y de la responsabilidad de la supervivencia. Otra cosa que he aprendido con la lectura de esta obra es que los caseros se especializan en distintos grupos. Así, tenemos a los tres grandes: los inmigrantes, casi todos hispanos, los afroamericanos y los blancos sin recursos. Normalmente estas clases no se tocan y viven separadas unas de otras.

Desmond sabe mucho de desahucios, porque sus padres también perdieron la casa en la que se crió. Huelga decir que muchas emociones lo inundaron, entre otras la rabia, la impotencia y la vergüenza. Quizás es por eso, que se decidió a estudiar sociología y a pasar el 2008 y el 2009 en un camping con casas rodantes, casas que se pueden desplazar siempre y cuando se tengan los medios para alquilar la pieza que hace las veces de grúa y costearse la gasolina de tan terrible peso, siempre bajo el supuesto de que, en primer lugar, se tenga un coche con la fuerza necesaria para el arrastre.

Allí, Desmond descubrió a Scott, un enfermero caído en desgracia por su homosexualidad y adicción a las drogas o a Tobin y Lenny, o a los gerentes encargados de la vigilancia y el mantenimiento del camping de Milwaukee en Wisconsin, también con problemas de drogadicción. A través de ellos, Desmond contactó con Sherrena, la propietaria de múltiples apartamentos que dejó de ser profesora de escuela para dedicarse al lucrativo negocio del alquiler de casas y apartamentos, y con su esposo, el encargado de manejar las finanzas. También con Arleen y sus hijos o con Crystal. Por razones de privacidad el autor ocultó la identidad de los participantes bajo nombres ficticios. Incluso él, en su esfuerzo por pasar desapercibido, evita el uso de la primera persona.

Dicen que la neutralidad es imposible, pero Desmond se las apaña bastante bien. Sí, Sherrena, la casera, es una oportunista, pero también lleva comida a sus inquilinos. Sí, Scott robaba medicamentos de los pacientes para mantener su adicción, pero a él también le quitan sus pertenencias en el camping. Nadie escapa a su ojo de etnógrafo. Todo para gritar que esta situación, además de ser inmoral, es innecesaria.

El ghetto tax está vivito y coleando, ¿no les parece?

martes, 2 de agosto de 2016

Cómo lo quiere, ¿mucho o poco natural?

El comentario de Trump a raíz de la Convención Democrática Nacional del pasado jueves le está haciendo sudar a Pence. Aprovechando la intervención del matrimonio Khan, Trump despachó otra pedrada al islamismo. Pero esta era infinitamente más difícil de justificar, porque, el hijo de los Khan, un héroe de guerra, dio su vida por Estados Unidos. 

No es la primera vez que Pence tiene que hacer de tripas corazón y sacar del atolladero al candidato. Días antes tuvo que lidiar con la invitación que Trump le hizo a Rusia para que escarbara en los correos electrónicos de su opositora.

«¿Es que no puedo responder?», se defendió Trump con el candor que le caracteriza.

Faltaba más. La cuestión es lo que se dice y cómo se dice. Y, a todas luces, esta respuesta parece más propia de un niño de tercero, acusando a su compañera de clase de haberle quitado el bollicao, que la de un candidato a la Casa Blanca. Recuerdo que Reagan también tenía ese mismo encanto y dejó a Estados Unidos pasándolas canutas, aunque me parece que, seguramente por influencia del cine, Reagan sabía muy bien cómo controlar sus impulsos frente a las cámaras.

Los que lo defienden argumentan que ya es hora de que haya salido un candidato con arrestos suficientes para decir "verdades como puños", un candidato al que no le importe desafiar lo "políticamente correcto", alguien con valor, alguien que se atreva a decir lo que nadie se atreve a decir; en una palabra, alguien que sea capaz de soltar lo primero que le venga a la boca, independientemente de que sea cierto o no. Los detractores, por supuesto, se amparan en esta incapacidad suya para reprimir sus arrebatos. Eso sí, siempre avalados por la llama, inextinguible, de su candor.

Incluso entre los republicanos ha surgido un movimiento que pide el voto para Clinton, argumentando que el candidato es «totalmente inadecuado para el cargo dado su carácter, temperamento, experiencia y las ideas que profesa». Supongo que sus meteduras de pata irán incluidas en el lote.

La cuestión es decidir si el concepto que Trump y sus votantes tienen de "decir verdades como puños" es lo suficientemente natural como para darle el empujón que reclama.

Y a ustedes, ¿qué les parece?

lunes, 1 de agosto de 2016

La paciencia, ¿sirve de algo?


Gracias a Descifrando Enigma sabemos que Alan Turing, genio de la informática y de otras muchas disciplinas, fue condenado por su homosexualidad y que esa afrenta lo llevó al suicidio. De informática apenas sé nada. Lo que sí sé es que Grace Murray Hopper era, como diríamos vulgarmente, otra bestia parda en la materia.

A la contraalmirante Hopper, pertenecía a las Fuerzas Armadas, a veces se la llamaba Amazing Grace (Increíble Grace), probablemente en alusión al himno escrito por el poeta inglés John Newton en el siglo XVIII, aunque otro de sus apodos era La abuela del COBOL. A Grace también se la conoce, entre otras hazañas, por ser la creadora de lo que se denomina compilador, un programa informático que sirve para pasar de un lenguaje computacional a otro, por desarrollar la depuración de errores de software y también por ser experta en hackear. Por supuesto, cuando informó del descubrimiento de su compilador nadie la creyó y tuvo que esperar unos cuantos años a que su trabajo fuera reconocido.

Pero el saber, como siempre, cuesta, y el precio que puede llegar a pagarse por él a veces desborda, sobre todo, cuando de la persona se espera que cumpla con las funciones que se le han asignado, inutilizando así, una parte de su capacidad para maniobrar.

Eso mismo es lo que le sucedió a esta brillante mujer. A raíz del ataque a Pearl Harbor en 1941 decidió alistarse en la Marina. Pero el camino elegido no sería instantáneo, y, mucho menos, un camino de rosas. Tres veces se le denegó la entrada en la reserva naval porque se consideraba que su labor como profesora de matemáticas en la Universidad de Vassar en el estado de Nueva York podía serle de mayor utilidad a los Estados Unidos durante el conflicto bélico, enseñando a las nuevas hordas de mujeres matemáticas. (Hasta 1969 Vassar solo admitía a mujeres). Las otras dos razones por las que se le denegaba la entrada al cuerpo eran, su edad, se la consideraba demasiado vieja, tenía treinta y siete años, justo la misma edad a la que aprendió a programar, y que, aparentemente, estaba demasiado delgada. Como se ve, todas razones de peso.

Quiso enseñar en Harvard, pero no la contrataron. La constante resistencia del cuerpo burocrático, dominado, claro estaba, por hombres, parece que la hizo caer en manos del alcohol. Incluso estuvo presa en una cárcel de Filadelfia, acusada de desorden público y de conducir en estado de embriaguez. Pero la futura contraalmirante no se desalentó, sino que siguió adelante, escalando con tesón y mucha confianza en sí misma los nudos de la negativa. Desde luego, el efecto Dunning-Kruger, (ver post El limón en la cara), a ella le pasaba de largo. Dicen que Grace también tenía don de gentes y que era un hacha para los negocios. Un acorazado en paciencia, ¿no les parece?