lunes, 6 de febrero de 2017

Jimmy Scott y su Día a Día.

Siguiendo con el homenaje a la herencia afroamericana, hoy quiero recuperar la figura de Jimmy Scott

De este genio de la música supe mientras vivía en Ohio, y es que Scott nació en Cleveland y es allí donde, supongo, contaría con mayor número de aficionados. 

Desgraciadamente este maestro de la música es poco conocido. No sé si sería por su personalidad, por cuestión de márketing, mala suerte, (a veces no se le atribuía la voz en las grabaciones o se daba el reconocimiento a una vocalista) o por su inusitada voz, (debido al síndrome de Kallman, una condición genética que limitó su crecimiento hasta los 37 años, adquirió un registro de contratenor, la voz masculina más aguda), o quizás fuera por una mezcla de las cuatro, pero el caso es que Scott desapareció durante algún tiempo de los escenarios estadounidenses para trabajar en un hospital de celador. No sé qué atractivo tendrán los hospitales de Cleveland, pero, que recuerde, hay otro grande ohionés del que ya me ocuparé en otro momento, que hacía labores similares. 

Así estuvo unos treinta años. De nada sirvió que Billie Holiday o Ray Charles le consideraran un genio del fraseo. Había firmado un contrato veneno con Herman Lubinsky que le esclavizaba durante 40 años. Hacia 1990 volvió a ver la luz. Afortunadamente algunos nunca lo olvidaron. 

David Lynch entre ellos. Lo rescató para el último episodio de Twin Peaks. El sensacional Lou Reed lo invitó a que fuera de gira con él. También participó en las bandas sonoras de películas como Glengarry Glen Ross (Éxito a cualquier precio) Philadelphia.

Decir que las versiones jazzísticas de Scott ponían los pelos de punta es quedarse corto. Su voz era cautivadora, penetrante, evocadora, un chorreón maravilloso, imposible de olvidar. La prueba

No hay comentarios:

Publicar un comentario