lunes, 7 de mayo de 2018

Lo que sale de Ohio

Lo mismo fue por las aguas contaminadas del Eire pero de Ohio ha salido mucho talento "raro". De Cleveland era Screamin' Jay Hawkins, una voz portentosa y macabra, pionero del shock rock. En eso de pegar sustos en el escenario combinando su estentórea voz con efectos pirotécnicos, ataúdes y humaredas encontró una veta de oro. Su número más conocido fue I put Spell on You, del 56. Después de él vinieron muchos. Kiss, Alice Cooper, Iggy Pop... Todo aquel que quisiera vivir en un permanente Halloween tenía que poner los ojos en Jay Hawkins.

Otro de los "raros" era Roland Kirk. Sus seguidores no buscaban en él lo macabro, aunque sí su talento extravagante y una especie de exorcismo que una ceguera temprana no logró borrar. Ataviado con un caftán, y en la cabeza, a veces un torreón de piel por sombrero. En las manos, antes del ataque que le inmovilizara el lado derecho del cuerpo, tres saxofones, un clarinete, una flauta que a veces tocaba con la nariz, un silbato, una sirena al cuello y hasta una concha. Su música, a veces la interrumpía para dar paso a comentarios de corte político. Con su técnica de la respiración circular, era capaz de tocar tres instrumentos al mismo tiempo sin tener que tomar aire, y podía pasarse veinte minutos sin repostar, aunque algunos juran que en una ocasión pasó de las dos horas.

Aunque su dominio del tono y del freaseo eran simplemente magistrales, su verdadero yo parece que le llamaba a la disonancia, de ahí que su trabajo se resistiera al encasillamiento. Los años 60 fueron particularmente duros para él. Los consagrados del bebop lo veían como un bicho raro, y los que aborrecían el jazz libre lo ignoraban. Eso no impidió que Kirk siguiera trabajando y experimentando, aunque con concesiones al mundo del pop y del rock, dos mundos de los que él mismo renegaba.

Aquí dejo a este maestro en un concierto de 1972.   

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