miércoles, 4 de mayo de 2022

La sombra de Trump es alargada...

Con el topo que nos ha traído este pelotazo del Tribunal Supremo, varias cosas nos han quedado claras. La primera es que la seguridad del Tribunal deja mucho que desear, y la segunda es que la mano de Trump, más envalentonada con la victoria de su delfín, J.D. Vance en las primarias republicanas de Ohio, sigue revolviendo en busca de un nuevo mandato. 

loc.gov Fotografía Dorothea Lange 



La pócima que Trump nos hiciera beber bajo su dominio con la elección de tres señorías supremas está surtiendo el efecto deseado. Para proceder al desencanto pocas soluciones hay. Se me ocurre la posibilidad de engordar al Tribunal con menos señorías radicales, porque, meter en la Constitución, de una vez, el derecho al aborto, con todas sus letras, requiere dos terceras partes del Congreso y el Senado, y eso es harto improbable. 

También ha quedado claro que al Supremo le importa un pimiento el derecho a la privacidad de la Decimocuarta Enmienda, aunque ya sabemos que si uno tiene pudientes y es de buena raza, a poder ser blanquito, cristiano, y rizando el rizo, evangélico, pues que se valga de la Decimocuarta y de lo que quiera para arreglar a su heredera. "Está de vacaciones" o "en cura de reposo". Y tira millas. Hipocresía. 

A su señoría Kavanaugh tampoco le falta desparpajo, digno del mejor Trump, cuando, en una reunión privada le anunció a la senadora republicana, Susan Collins, que consideraba el asunto Roe "una ley zanjada". Olvidó mencionar la fecha, supongo. Cuajo parecido tuvo el honorable Gorsuch, cuando le confió al senador republicano Lindsey Graham,"que antes se hubiera marchado que dejar que Trump le pidiera derogar Roe". 

De la visceralidad que produce este asunto, no cabe duda de que Trump y los suyos están sacando buena tajada de su grey, que, enervada con el pegamento de que las mujeres que quieren o necesitan abortar son todas unas criminales, aflojan la pasta para pararles los pies y, de paso, adjudicarles una vida no deseada de la que, tal vez, nunca puedan escapar. Es preferible, para que la conciencia republicana se quede a gusto, decidir que estas mujeres queden esclavizadas a una criatura que, seguramente, no se criará en un barrio fetén y no tendrá institutriz en casa para que lo instruya en los deberes y derechos del buen ciudadano. 

Por desgracia, esa criatura como ninguna otra corre el peligro de quedar atrapada en las filas de la pobreza, la marginalidad o la delincuencia. Por supuesto, la sociedad se hará cargo de su sustento, hasta que la máxima instancia judicial, avalada por los esfuerzos republicanos, haga otro borrador con sus interpretaciones, dispuesto a cargarse de un plumazo la asistencia social. 

Parejas del mismo sexo que no sean de rancio abolengo, ¿en los siguientes borradores del Supremo? 

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