miércoles, 11 de octubre de 2017

El primer Dunkin'

Y hoy marchando otra de donuts. Y es que resulta que en la misma ciudad en la que vivo, a parte de ser famosa por sus canteras, es famosa por los donuts. Aunque el que dio con la franquicia del Dunkin' Donuts no era de aquí, sino de Boston, decidió que tal vez los vecinos de Quincy tenían las pituitarias más desarrolladas o los bolsillos más abultados. O quizás pensara lo contrario. Ya se sabe cómo son estas cosas del mercado.

La semana pasada me pasé por el primer establecimiento que William Rosenberg abriera en 1950. Típica estampa americana, aunque rota de modernez y globalización. Moteros en Harleys con la música a toda pastilla convivían con los que se desplazaban en vespas. Dentro del establecimiento un fuerte olor a orín, tabaco y sudor que desploma. Nos movemos como siameses en lata de sardinas. No hay aseo. Ni siquiera internet. Maneras de echarnos con agua destemplada. Aún así el personal aguanta. La falta de internet y la ausencia de aseo no es suficiente para convencer a algunos parroquianos que se sientan en las sillas retro junto al ventanal a que se vayan. A pesar del calor infernal llevan parkas. Nos miran con curiosidad. Salgo sin compra y degustando otras esencias no reclamadas. Me pregunto si habrán pedido café.

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